DEFENDERME o RESPETARME

La defensa es la explosión que nos ayuda a salir de la ira, el miedo y la culpa acumulada en donde nos hemos perdido o quedado paralizados, sometidos o anulados por mucho tiempo y a veces incluso sin ni siquiera darnos cuenta. También puede ser un PATRÓN REPETITIVO en donde nos sentimos atrapados, reactivos y en peligro.

 

El respeto es el bálsamo que usamos para sentirnos y expresarnos con entendimiento, responsabilidad y certeza hacia nosotros y hacia los demás. ES CONSECUENCIA de la introspección y el proceso de recodar/valorar quienes somos en esencia.

 

La defensa nos hace creer que lo que quieren o necesitan los demás, son obligaciones o EXIGENCIAS QUE DEBEMOS CUMPLIR o ELIMINAR por nuestro propio bien.

 

El respeto nos hace sentir con el PODER DE ESCUCHAR A LOS DEMÁS CON INDEPENDENCIA de sus formas y prioridades, al mismo tiempo que con el poder de elegir, proponer, asumir y avanzar hacia la solución más digna, dentro del contexto y nuestra coherencia.

 

La actitud defensiva nos BLOQUEA o ATRAPA en la ESPERA ETERNA, en el JUICIO, la SEPARACIÓN y en lo REPETITIVO. Nos hace sentir dependientes, pobres y desfavorecidos, incluso en medio de la salud, la riqueza y la compañía.

 

La actitud respetuosa nos CONECTA , nos permite a AVANZAR y SOSTENERNOS en un nuevo CAMBIO. Nos hace sentir independientes, plenos y responsables incluso en medio del sufrimiento, el caos y la desolación.

 

La defensa nos hace sentir más, por encima y mejores que los demás. 

El respeto nos hace sentirnos igual de dignos y parte única de todo cuanto existe.

La defensa nos permite ver sólo nuestra perspectiva humana.

El respeto nos permite ver con los ojos del alma y del espíritu. 

 

DISCERNIMIENTO vs. IGNORANCIA: el límite entre lo que creemos y sabemos.

DISCERNIMIENTO vs. IGNORANCIA: el límite entre lo que creemos y sabemos.

Cuando ponemos la razón por encima del ser, nos perdemos en una guerra de poder y separación, pero si nos permitimos ser, avanzamos con entendimiento y confianza en todas las partes.

Cuando damos prioridad a la dignidad de los demás antes que, a la nuestra, normalizamos el abuso, el servilismo y la soberbia, pero si reconocemos nuestra vulnerabilidad nos responsabilizamos de nuestros límites y nos independizamos de los límites de los demás.

Cuando nos sentimos en deuda con los demás, callamos nuestra verdad y el resentimiento nos atrapa, pero cuando valoramos nuestra presencia nos liberamos con plenitud y abundancia.

Cuando nos escondemos en la sombra de quienes amamos, nos sentimos invisibles y pequeños, pero si nos permitimos ser transparentes por amor propio, expandimos nuestro brillo e iluminamos todo cuanto somos y amamos.

Cuando el veneno es nuestra mayor pasión y nos juzgamos por ello, el veneno nos consume, pero si lo aceptamos, nos convertimos en alquimistas y maestros del antídoto.

Cuando nos creemos víctimas de los demás, nos convertimos en dependientes de quienes nos dan, pero si recordamos nuestra libertad nadie nos la quita ni corremos el riesgo de perderla.

Cuando nos sentimos ajenos de lo nuestro, nos perdemos en el consumo y en el rol de ser “público”, pero si nos enfocamos en lo que realmente queremos, aportamos con nuestro protagonismo desde nuestro mayor disfrute.

Cuando nos quedamos a la espera de que los demás adivinen lo que pensamos, actuamos sin iniciativa y como intolerantes ante las diferencias, pero si nos aprobamos a nosotros mismos, dejamos de ser autoridad y de necesitar el reconocimiento de los demás.

Cuando no entendemos lo que nos pasa, juzgamos, despreciamos o culpabilizamos sin ni siquiera darnos cuenta, pero si nos damos cuenta que no entendemos y además nos responsabilizamos de encontrar el sentido propio e interno de lo que pasa fuera, nos empoderamos sintiéndonos parte de todo, tanto del bloqueo como de la evolución.

INDIFERENCIA O FRIVOLIDAD. ¿Qué estamos eligiendo o permitiendo?

 

Somos una civilización que usa la imposición y el miedo para conseguir objetivos, pero también una humanidad que quiere cambio con benevolencia para atender el miedo de todos.

La línea de insensibilidad tiene muchos matices: pereza, rechazo, indiferencia, juicio, egoísmo, insensibilidad, narcisismo, frivolidad…

Podemos ser indiferentes porque no nos damos cuenta, no tenemos interés, no sabemos cómo expresarnos, nos da miedo ser parte, porque creemos que no tenemos nada que aportar o creemos que es peor atender que actuar como si no pasara nada. Nos convertimos o aparentamos ser indiferentes porque no confiamos en nosotros mismos.

Podemos ser frívolos porque disfrutamos poseer y hacer con los demás lo que nos interesa, nos motiva crear estrategias para conseguir resultados a nuestro favor, aunque tengamos que pasar por encima de los demás, ir en contra o luchar para ganar el poder sobre otros. En estos casos la agresión se vive como justificación. No existe confianza en nada, al contrario, comprar o aparentar confianza hace parte de la estrategia. Nos convertimos en seres destructivos creyéndonos salvadores o dueños de los demás.

Cuando la confianza habla hay claridad y respuesta. La sensación es de cercanía y transparencia. Las palabras y los hechos dicen lo mismo. El resultado es benevolente para todos.

Cuando la desconfianza habla hay mentiras que aparentan claridad y respuesta, pero la sensación es de aturdimiento y pesadez. Las palabras y los hechos son contradictorios. El resultado es caótico.

La confianza nos permite abrirnos para dar y hacer lo que más queremos. Y la desconfianza nos cierra, nos sentimos incapaces de dar, obligados a hacer, a la espera, humillados o necesitados.

La confianza nos permite madurar y ser nosotros mismos el cambio que queremos ver. La desconfianza nos obliga a exigir o esperar que alguien ajeno solucione o se responsabilice del cambio que queremos.

La confianza nos despierta recursos propios para comunicarnos y entendernos. La desconfianza nos provoca consumir y depender de recursos ajenos para atacarnos, separarnos, compararnos y defendernos.

La confianza nos ayuda a desarrollar la capacidad de sostener para recuperar y sanar. La desconfianza nos hace intolerantes, inseguros, irascibles o conflictivos.

La confianza nos indica el camino hacia la paz y la felicidad con sentido propio. La desconfianza nos hace sentir perdidos y en peligro.

¿Pero cómo desarrollamos confianza en nosotros mismos?

Tratándonos con respeto, atendiendo con prioridad nuestras necesidades físicas, emocionales y mentales, de hecho, antes que intentar atender o cambiar las necesidades de los demás. Reconociéndonos como seres humanos y sagrados. Dignificando los “errores” o tropiezos como “desafíos” para encontrar la clave de la maestría dentro de nosotros mismos. Incluir todo lo vivido como un proceso importante para recordar quienes somos y para llegar a relacionarnos sin desatender el dolor humano. Tratándonos con mimo, porque si lo conseguimos podemos hacernos respetar y tratar con respeto, incluso a quienes no saben hacerlo.

“El día que los seres humanos nos respetemos a nosotros mismos, ese día nada ni nadie podrá herirnos ni anularnos”

Por lo cual, me permito reconocerme un ser humano con la grandeza de atender mi vulnerabilidad y de integrar cada vez más, la fortaleza y la transparencia en mí y en todas mis relaciones.

LA SOMBRA

Nuestra sombra nos acompaña a donde vayamos.

En apariencia es inocente, insignificante, incluso invisible, pero si no la reconocemos nuestra, nos asusta y nos controla.

Nuestra sombra guarda todo lo que es secreto, se alimenta de nuestro esfuerzo por ocultar o negar lo que somos o hacemos, pero también nos puede nutrir y sostener si asimilamos de lo que no se ve o nos da miedo ver.

Mientras más secretos, más nos controla y más en peligro nos sentimos, porque lo que ocultamos nos avergüenza y lo que negamos nos hace soberbios.

Es fácil creer que nuestra sombra es “mala” si no entendemos su gran poder dentro del “bien”.

La sombra nos acompaña durante toda la vida para recordarnos que somos luz y sombra en unidad.

Pretender ser solo luz, nos hace gastar nuestra energía en las apariencias y en la estrategia para conseguir ser quienes no somos.

Ocultar y negar nuestra sombra nos intoxica, por lo cual, lo que comemos nos hace daño, nuestras relaciones nos ahogan, nuestros deseos nos hacen pobres, nuestros compromisos nos atan, nuestros objetivos nos pesan, nuestra visión nos hace dependientes.

El día que los seres humanos entendamos y practiquemos la aceptación de nuestra sombra, empezaremos a brillar. Ese día recordaremos nuestro poder de transformación como un acto de amor propio y de evolución sagrado.

QUIÉREME PORQUE TE QUIERES

“Quiéreme porque te quieres y porque tú quieres.
Como si recordaras que puedes verme con la profundidad de tu corazón y entenderme con la claridad de tu mente.
Porque quieres sentirte lleno de tu verdad. Y ya no quieres seguir siendo quien no eres.
Porque me eliges y lo asumes para disfrutarme, y no para sufrirme.
Porque te sientes parte de mí y conmigo aunque no estemos juntos y seamos diferentes.
Porque puedes ser quién eres a mi lado, sin necesidad de caos, enfermedad o resistencia, solo porque no hago lo que esperas o no sabes reconocer lo que quieres.
Porque confías en ti mismo como para abrirte de par en par, sin miedo a sentirte uno con quien amas.
Si no te abres por iniciativa propia ni enseñas tu verdadera cara, seguirás viviendo atrapado en tu propia red y solo podré amarte a la distancia, amándome a mí mismo, siendo parte de la red de todos.
Quiéreme como solo tú sabes quererte que yo te quiero como solo yo sé quererme”.

VERDAD Y BONDAD, LA NEUTRALIDAD HACE LA DIFERENCIA

Verdad y Bondad… La neutralidad hace la diferencia.

Al final todo podría ser verdadero y bondadoso, porque todo parte de la mejor versión y entendimiento de nuestra realidad.

Para nuestra mente, todo es como creemos que es. Y así nos sentimos y reaccionamos.

Diferenciar la realidad alineada, de la distorsión de la realidad, sólo es posible cuando hemos encontrado el equilibrio en el desequilibrio, cuando hemos encontrado la transparencia oculta, lo coherente en lo incoherente, la luz que ilumina la oscuridad, la sombra que se ve y crece gracias a la luz, las dos polaridades nacen de la misma base y avanzan hacia el mismo propósito, los dos extremos nacen de una verdad individual y de un interés personal o fraccionado, pero las consecuencias hacen la diferencia entre las partes.

Toda idea transparente o coherente se fundamenta en la responsabilidad de lo que elegimos, permitimos y asumimos. Mientras que toda idea oscura o incoherente se justifica en responsabilizar a los demás, de aquello que elegimos, permitimos, pero no reconocemos ni asumimos.

Toda idea transparente o coherente tiene el propósito de solucionar o asumir. Y toda idea oscura o incoherente tiene el propósito de juzgar o forzar.

Toda idea transparente o coherente nace de la honestidad y genera confianza.
Toda idea oscura o incoherente nace del miedo y genera culpa.

Gracias a la transparencia y a la oscuridad experimentamos la ambivalencia entre la incoherencia y la coherencia. El escenario ideal para desarrollar la maestría de elegir entre la comodidad, la pérdida y el discernimiento.

Podemos vivir cómodos en la incomodidad, perdidos en la guerra o despertar nuestra capacidad de elegir entre reflejos, espejos y realidades, entre iguales, opuestos y complementarios. Las dos polaridades (+) y (-) nos pueden acercar o alejar del centro. Los dos caminos que creamos para salir y volver al punto neutro.

La transparencia refleja e incluye la oscuridad.
La oscuridad oculta y guarda la transparencia.

En la neutralidad encontramos el sentido de cada verdad. La neutralidad hace la diferencia entre las infinitas versiones de la verdad y la bondad.

ESCLAVA DE LO QUE AMO. Atrapada en el amor, de camino al Yo Soy.

Esclava de lo que amo. Atrapada en el amor, de camino al Yo Soy

 

Saber lo que quiero, me despertó.

Hacer lo que quiero, me liberó.

Reconocer mis ritmos, mis formas y mis límites, me llenó de energía.

Recuperé la confianza en mí y en la vida.

El trabajo se convirtió en mi mayor don y mi familia en mi gran tesoro, pero de repente, me sentí agotada.

 

No entendía por qué lo que más amaba se había transformado en lo único importante, incluso más importante que yo.

Me convertí en víctima de mi propio tesoro y convertí mi don en mi propia cárcel.

 

Tenía que vivirlo para poderlo creer.

Mi mayor contradicción me ayudó a recordar que amar no es darlo todo hasta el agotamiento ni esforzarme hasta llegar al vacío existencial, no es convertir la prioridad de cada instante, en la única prioridad para el resto de la vida.

 

Vivirlo me cambió. Comprobé que vivir desde la bondad y la voluntad sin equilibrio, me aleja de la felicidad y pierdo mi libertad.

 

Ahora entiendo que Amar y ser amada no me hace dependiente ni responsable de los demás ni de las circunstancias, no me lleva al sufrimiento ni a la obligación. He recordado que Amar es disfrutar mi capacidad de elegir, con plenitud y transparencia, asumiendo mi responsabilidad y no la de los demás.

 

Ahora entiendo que confianza no es ser aprobada ni tiene que ver con el esfuerzo de dar gusto a los demás.

He recordado que Confianza es creer en lo que siento y permitirme hacerlo, desde la certeza de ser yo la cocreadora de mi propia realidad.

 

He recordado que si elijo, hago o dejo de hacer algo por “los demás” y no por mí misma, estaré poniendo a los demás por encima mío y estaré creando vínculos basados en deuda, obligación, resentimiento, agotamiento, rechazo o separación entre lo que más amo y yo soy.

FELICIDAD: la capacidad de sentirme cerca y abierta a mi pequeña verdad, a corazón abierto.

Felicidad: la capacidad de sentirme cerca y abierta a mi pequeña verdad, a corazón abierto.

Me he pasado la vida intentando hacer feliz a los demás y es imposible, pero gracias a intentarlo, me he dado cuenta que sólo puedo ocuparme de la mía y haciéndolo, hago parte de la felicidad de los demás sin hacer nada.

Ahora sé que para permitirme hacer lo que realmente quiero, solo puedo recordar quien realmente soy y solo así, puedo volver a sentirme feliz.

Ahora sé que la felicidad no es lo que creía, pues no tiene que ver con fiesta, dinero, sexo o éxito. Ahora recuerdo, que la felicidad es la capacidad de sentirme, cerca y abierta a mi verdad, con confianza y sin expectativas.

La felicidad, me permite verme y sentirme parte de los demás, me permite ver a los demás como parte de lo que soy. La felicidad, además de hacerme sentir cerca y abierta a mi verdad, también me une a la verdad de los demás y a todo cuanto existe.

“Hoy he vuelto a recordar, la felicidad es la capacidad de compartir nuestra pequeña verdad, a corazón abierto”.

NUEVAS MANERAS DE VIVIR

Nuevas maneras de vivir

 

Nuevas maneras de vivir

 

En mi planeta todo era oscuro, era prohibido la expresión de las emociones, era prohibido sentir lo que sentían los demás, era prohibido decir la verdad, era prohibido SER libre, auténtico y responsable.

Quien lo hiciera era castigado, aislado o ejecutado, según lo decía la “ley” fundamentada en la imposición, la rigidez y la ausencia de compasión.

Vivíamos dentro de una estructura fundamentada en la ley o “norma”, que obligaba de manera encubierta al ser humano a ser “normal”.

Dentro de esta estructura autoritaria predominaba el abuso, el control y el poder de unos sobre otros. La creencia del tener que “tener” era la gran ilusión, una falsa motivación que entretenía al ser humano fuera de sí y evitaba que encontrara sus verdaderas respuestas dentro.

El consumismo, el prestigio, la competencia, la comparación, la negación, la falsedad y el miedo eran el alimento y el medicamento por el que el ser humano se sacrificaba o luchaba en el día a día.

La alimentación, la cultura, la sexualidad, la educación, la salud, la política, la religión y todos los sistemas eran oscuros y rígidos. En ellos el ser humano olvidaba quien era, olvidaba su propio sentido de la vida y el de la vida misma, aprendía a actuar como víctima o agresor, malo o bueno, rebelde o sumiso, extremos igualmente fuera de sí y fuera del equilibrio.

¿Qué sentido tiene un planeta donde el ser humano se desconecta de su alma y de su espíritu? ¿del amor y de la sabiduría interior? Lo más parecido a la muerte, también es lo más cercano a la transformación y a una nueva vida.

En mi planeta ya ha empezado a amanecer y somos cada vez más vibrando con sonido y sentido propio, viviendo la oscuridad y la luz en el proceso hacia el equilibrio. Porque estamos recordando que antes de olvidar quienes somos, hemos elegido venir a avanzar hacia donde queremos ir.

Hemos estado perdidos en el tiempo y en el espacio, en los extremos, entre la oscuridad y la luz. Y ahora estamos encontrando la salida en el medio, donde todo vuelve a tener color, donde volvemos a sentir, volvemos a conectar con nosotros y con los demás. Ahora empieza una nueva vida y con ella, nuevas maneras de vivir.

El nuevo ser humano es compasivo porque nos estamos permitiendo reconocer el miedo y las emociones que nos paralizaban, nos aislaban y nos empujaban a luchar, ayudar, sacrificarnos, atacar, convencer y defendernos. Estamos recordando nuestra capacidad de elegir, de amar y unir. Nos sentimos movidos por la pasión que nace dentro y no de las indicaciones que vienen de fuera, es propia ya no es impuesta, es nueva ya no es conocida, es transparente ya no es débil, es infinita ya no es eterna porque estamos asumiendo las consecuencias de un continuo cambio.

SER libre, auténtico y responsable.

 

Las nuevas maneras de vivir son el amanecer de nuestro día y las viejas maneras de vivir son nuestras creencias aprendidas mientras dormíamos en la noche oscura.

EL ENGAÑO Y LA SEMILLA DE LA COMPASIÓN

 
 
"Engaño", a tu lado he desarrollado la fortaleza y la confianza en mí, mi capacidad de discernir para elegir y asumir.

“El Engaño y la semilla de la Compasión”

 
 

El Engaño y la semilla de la Compasión… Era de noche, caminaba, no tenía miedo… recordaba de dónde venía y quien había sido, pero no conseguía recordar hacia donde quería ir, ni qué sentido tenía ser quien era.

Cuando me encontraste, me invitaste a caminar contigo y desde entonces has sido un maestro para mí “Engaño”.


Tus palabras dulces, acogedoras y cálidas, se transformaban al instante en una presencia amarga, dolorosa y fría.

Engaño”, desde el primer momento a tu lado me enseñaste la ambivalencia. Me enseñaste a abrir mi mente sin la posibilidad de entender, a abrir mis ojos sin la posibilidad de ver, a abrir mi boca sin la posibilidad de hablar, a oler sin poder respirar, a sentir sin poder disfrutar, a desear sin poder elegir y a esforzarme sin poderme mover. El todo y la nada, la vida y la muerte en una constante confusión.


Te conocí con diferentes caras, nombres y personalidades, que al principio conseguían que dudara de mí misma, después empecé a dudar de quien eras tú y finalmente de todo.


A tu lado aprendí a desarrollar el miedo, a someterme al abuso, a la violencia y a la mentira, porque de lo contrario la consecuencia era mayor “el castigo”. El castigo directo o invisibles me enseñaron a huir, a defenderme y en casos extremos a paralizarme completamente para dejar de sentir “Engaño”.

Hoy celebro el camino recorrido a tu lado, porque “Te Veo” y “Me veo”. Me has enseñado y he aprendido a conocerte y a conocerme, te reconozco y me reconozco. Hoy sé quién eres y he recordado hacia donde quiero ir, en quien me he convertido y quien quiero ser. A tu lado he fortalecido la confianza en mí, mi capacidad de discernir para elegir y asumir, mi capacidad de ver con apertura y neutralidad para volver a unir mi pasado, mi presente y mi futuro.


Agradecida me libero del miedo y abrazo el entendimiento con propósito de haber caminado juntos. Hoy tu sigues tu camino y yo el mío porque el aprendizaje de lo vivido juntos lo llevamos dentro, integrado y transformado en energía viva, infinita y equilibrada llamada amor.


No juzgo a quien no pueda creer que detrás de la máscara del “Egaño” encontré las semillas del amor y la compasión. Yo tampoco lo hubiera podido creer si no lo hubiera vivido y si hoy, no estuviera disfrutando del fruto de esas semillas que durante el proceso crecieron en mí.

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