VERDAD Y BONDAD, LA NEUTRALIDAD HACE LA DIFERENCIA

Verdad y Bondad… La neutralidad hace la diferencia.

Al final todo podría ser verdadero y bondadoso, porque todo parte de la mejor versión y entendimiento de nuestra realidad.

Para nuestra mente, todo es como creemos que es. Y así nos sentimos y reaccionamos.

Diferenciar la realidad alineada, de la distorsión de la realidad, sólo es posible cuando hemos encontrado el equilibrio en el desequilibrio, cuando hemos encontrado la transparencia oculta, lo coherente en lo incoherente, la luz que ilumina la oscuridad, la sombra que se ve y crece gracias a la luz, las dos polaridades nacen de la misma base y avanzan hacia el mismo propósito, los dos extremos nacen de una verdad individual y de un interés personal o fraccionado, pero las consecuencias hacen la diferencia entre las partes.

Toda idea transparente o coherente se fundamenta en la responsabilidad de lo que elegimos, permitimos y asumimos. Mientras que toda idea oscura o incoherente se justifica en responsabilizar a los demás, de aquello que elegimos, permitimos, pero no reconocemos ni asumimos.

Toda idea transparente o coherente tiene el propósito de solucionar o asumir. Y toda idea oscura o incoherente tiene el propósito de juzgar o forzar.

Toda idea transparente o coherente nace de la honestidad y genera confianza.
Toda idea oscura o incoherente nace del miedo y genera culpa.

Gracias a la transparencia y a la oscuridad experimentamos la ambivalencia entre la incoherencia y la coherencia. El escenario ideal para desarrollar la maestría de elegir entre la comodidad, la pérdida y el discernimiento.

Podemos vivir cómodos en la incomodidad, perdidos en la guerra o despertar nuestra capacidad de elegir entre reflejos, espejos y realidades, entre iguales, opuestos y complementarios. Las dos polaridades (+) y (-) nos pueden acercar o alejar del centro. Los dos caminos que creamos para salir y volver al punto neutro.

La transparencia refleja e incluye la oscuridad.
La oscuridad oculta y guarda la transparencia.

En la neutralidad encontramos el sentido de cada verdad. La neutralidad hace la diferencia entre las infinitas versiones de la verdad y la bondad.

ESCLAVA DE LO QUE AMO. Atrapada en el amor, de camino al Yo Soy.

Esclava de lo que amo. Atrapada en el amor, de camino al Yo Soy

 

Saber lo que quiero, me despertó.

Hacer lo que quiero, me liberó.

Reconocer mis ritmos, mis formas y mis límites, me llenó de energía.

Recuperé la confianza en mí y en la vida.

El trabajo se convirtió en mi mayor don y mi familia en mi gran tesoro, pero de repente, me sentí agotada.

 

No entendía por qué lo que más amaba se había transformado en lo único importante, incluso más importante que yo.

Me convertí en víctima de mi propio tesoro y convertí mi don en mi propia cárcel.

 

Tenía que vivirlo para poderlo creer.

Mi mayor contradicción me ayudó a recordar que amar no es darlo todo hasta el agotamiento ni esforzarme hasta llegar al vacío existencial, no es convertir la prioridad de cada instante, en la única prioridad para el resto de la vida.

 

Vivirlo me cambió. Comprobé que vivir desde la bondad y la voluntad sin equilibrio, me aleja de la felicidad y pierdo mi libertad.

 

Ahora entiendo que Amar y ser amada no me hace dependiente ni responsable de los demás ni de las circunstancias, no me lleva al sufrimiento ni a la obligación. He recordado que Amar es disfrutar mi capacidad de elegir, con plenitud y transparencia, asumiendo mi responsabilidad y no la de los demás.

 

Ahora entiendo que confianza no es ser aprobada ni tiene que ver con el esfuerzo de dar gusto a los demás.

He recordado que Confianza es creer en lo que siento y permitirme hacerlo, desde la certeza de ser yo la cocreadora de mi propia realidad.

 

He recordado que si elijo, hago o dejo de hacer algo por “los demás” y no por mí misma, estaré poniendo a los demás por encima mío y estaré creando vínculos basados en deuda, obligación, resentimiento, agotamiento, rechazo o separación entre lo que más amo y yo soy.

FELICIDAD: la capacidad de sentirme cerca y abierta a mi pequeña verdad, a corazón abierto.

Felicidad: la capacidad de sentirme cerca y abierta a mi pequeña verdad, a corazón abierto.

Me he pasado la vida intentando hacer feliz a los demás y es imposible, pero gracias a intentarlo, me he dado cuenta que sólo puedo ocuparme de la mía y haciéndolo, hago parte de la felicidad de los demás sin hacer nada.

Ahora sé que para permitirme hacer lo que realmente quiero, solo puedo recordar quien realmente soy y solo así, puedo volver a sentirme feliz.

Ahora sé que la felicidad no es lo que creía, pues no tiene que ver con fiesta, dinero, sexo o éxito. Ahora recuerdo, que la felicidad es la capacidad de sentirme, cerca y abierta a mi verdad, con confianza y sin expectativas.

La felicidad, me permite verme y sentirme parte de los demás, me permite ver a los demás como parte de lo que soy. La felicidad, además de hacerme sentir cerca y abierta a mi verdad, también me une a la verdad de los demás y a todo cuanto existe.

«Hoy he vuelto a recordar, la felicidad es la capacidad de compartir nuestra pequeña verdad, a corazón abierto».

NUEVAS MANERAS DE VIVIR

Nuevas maneras de vivir

 

Nuevas maneras de vivir

 

En mi planeta todo era oscuro, era prohibido la expresión de las emociones, era prohibido sentir lo que sentían los demás, era prohibido decir la verdad, era prohibido SER libre, auténtico y responsable.

Quien lo hiciera era castigado, aislado o ejecutado, según lo decía la “ley” fundamentada en la imposición, la rigidez y la ausencia de compasión.

Vivíamos dentro de una estructura fundamentada en la ley o “norma”, que obligaba de manera encubierta al ser humano a ser “normal”.

Dentro de esta estructura autoritaria predominaba el abuso, el control y el poder de unos sobre otros. La creencia del tener que “tener” era la gran ilusión, una falsa motivación que entretenía al ser humano fuera de sí y evitaba que encontrara sus verdaderas respuestas dentro.

El consumismo, el prestigio, la competencia, la comparación, la negación, la falsedad y el miedo eran el alimento y el medicamento por el que el ser humano se sacrificaba o luchaba en el día a día.

La alimentación, la cultura, la sexualidad, la educación, la salud, la política, la religión y todos los sistemas eran oscuros y rígidos. En ellos el ser humano olvidaba quien era, olvidaba su propio sentido de la vida y el de la vida misma, aprendía a actuar como víctima o agresor, malo o bueno, rebelde o sumiso, extremos igualmente fuera de sí y fuera del equilibrio.

¿Qué sentido tiene un planeta donde el ser humano se desconecta de su alma y de su espíritu? ¿del amor y de la sabiduría interior? Lo más parecido a la muerte, también es lo más cercano a la transformación y a una nueva vida.

En mi planeta ya ha empezado a amanecer y somos cada vez más vibrando con sonido y sentido propio, viviendo la oscuridad y la luz en el proceso hacia el equilibrio. Porque estamos recordando que antes de olvidar quienes somos, hemos elegido venir a avanzar hacia donde queremos ir.

Hemos estado perdidos en el tiempo y en el espacio, en los extremos, entre la oscuridad y la luz. Y ahora estamos encontrando la salida en el medio, donde todo vuelve a tener color, donde volvemos a sentir, volvemos a conectar con nosotros y con los demás. Ahora empieza una nueva vida y con ella, nuevas maneras de vivir.

El nuevo ser humano es compasivo porque nos estamos permitiendo reconocer el miedo y las emociones que nos paralizaban, nos aislaban y nos empujaban a luchar, ayudar, sacrificarnos, atacar, convencer y defendernos. Estamos recordando nuestra capacidad de elegir, de amar y unir. Nos sentimos movidos por la pasión que nace dentro y no de las indicaciones que vienen de fuera, es propia ya no es impuesta, es nueva ya no es conocida, es transparente ya no es débil, es infinita ya no es eterna porque estamos asumiendo las consecuencias de un continuo cambio.

SER libre, auténtico y responsable.

 

Las nuevas maneras de vivir son el amanecer de nuestro día y las viejas maneras de vivir son nuestras creencias aprendidas mientras dormíamos en la noche oscura.

EL ENGAÑO Y LA SEMILLA DE LA COMPASIÓN

 
 
"Engaño", a tu lado he desarrollado la fortaleza y la confianza en mí, mi capacidad de discernir para elegir y asumir.

«El Engaño y la semilla de la Compasión»

 
 

El Engaño y la semilla de la Compasión… Era de noche, caminaba, no tenía miedo… recordaba de dónde venía y quien había sido, pero no conseguía recordar hacia donde quería ir, ni qué sentido tenía ser quien era.

Cuando me encontraste, me invitaste a caminar contigo y desde entonces has sido un maestro para mí «Engaño».


Tus palabras dulces, acogedoras y cálidas, se transformaban al instante en una presencia amarga, dolorosa y fría.

«Engaño», desde el primer momento a tu lado me enseñaste la ambivalencia. Me enseñaste a abrir mi mente sin la posibilidad de entender, a abrir mis ojos sin la posibilidad de ver, a abrir mi boca sin la posibilidad de hablar, a oler sin poder respirar, a sentir sin poder disfrutar, a desear sin poder elegir y a esforzarme sin poderme mover. El todo y la nada, la vida y la muerte en una constante confusión.


Te conocí con diferentes caras, nombres y personalidades, que al principio conseguían que dudara de mí misma, después empecé a dudar de quien eras tú y finalmente de todo.


A tu lado aprendí a desarrollar el miedo, a someterme al abuso, a la violencia y a la mentira, porque de lo contrario la consecuencia era mayor “el castigo”. El castigo directo o invisibles me enseñaron a huir, a defenderme y en casos extremos a paralizarme completamente para dejar de sentir «Engaño».

Hoy celebro el camino recorrido a tu lado, porque “Te Veo” y “Me veo”. Me has enseñado y he aprendido a conocerte y a conocerme, te reconozco y me reconozco. Hoy sé quién eres y he recordado hacia donde quiero ir, en quien me he convertido y quien quiero ser. A tu lado he fortalecido la confianza en mí, mi capacidad de discernir para elegir y asumir, mi capacidad de ver con apertura y neutralidad para volver a unir mi pasado, mi presente y mi futuro.


Agradecida me libero del miedo y abrazo el entendimiento con propósito de haber caminado juntos. Hoy tu sigues tu camino y yo el mío porque el aprendizaje de lo vivido juntos lo llevamos dentro, integrado y transformado en energía viva, infinita y equilibrada llamada amor.


No juzgo a quien no pueda creer que detrás de la máscara del «Egaño» encontré las semillas del amor y la compasión. Yo tampoco lo hubiera podido creer si no lo hubiera vivido y si hoy, no estuviera disfrutando del fruto de esas semillas que durante el proceso crecieron en mí.

YO SOY LA OVEJA NEGRA

Soy la oveja negra
La oveja negra

Hoy me siento feliz de ser la oveja negra. Ha sido un proceso de dudas, de no ser quien realmente soy durante una gran parte de mi vida, de dejar pasar muchas cosas como si no me importaran o estuviera a favor de ellas cuando realmente me hacían y me hacen daño, me chillaban y me chillan los oídos y me sentía y me siento mal escuchándolas.

Podría clasificar varias etapas que más adelante explicaré. En mi caso diría que han sido:

  •  La duda
  • La negación de lo que siento
  • La confrontación
  • La impotencia
  • La incomprensión
  • El aprendizaje

Cada uno de nosotros, por lo general, nace en una familia que “idealiza” y donde las costumbres se vuelven hábitos. Estos hábitos se normalizan con el tiempo y crean unos patrones de conducta donde las cosas están MAL o están BIEN, las cosas son MALAS o son BUENAS… Si te sales de estos patrones, los cambias o los cuestionas, empieza un nuevo proceso en tu vida, se abren puertas y suenan alarmas que nunca habías imaginado pero que de una u otra manera han estado siempre ahí para ti, a la espera de que dieras el paso.

Antes de continuar, quiero dejar muy claro que esto no es una crítica a nadie, es un aprendizaje personal que comparto porque a mí me está sirviendo y me está liberando. Si alguien se puede identificar, puede hacer cambios, obtener nuevas ideas o cambiar perspectivas con esto, ¡genial! Y si por el contrario no te identificas, lo ves de una manera muy diferente o no te resuena, ¡también es genial! Porque ahí está la grandeza del ser humano, ¡en las diferencias! Las diferencias desde el respeto y la tolerancia.

Ahora sí, empiezo:

En mi caso, hasta los 30 años aproximadamente mi dinámica ha sido la de decir a casi todo que sí, la de no buscar la confrontación, la de hacer lo que DEBÍA HACER según los patrones aprendidos (tener un trabajo estable, ganar dinero, trabajar duro, tener una familia, poner buena cara), la de criticar o juzgar a los que hacían lo que a mi no me parecía bien, y un largo etc.

Desde los 30 años aproximadamente la vida me ha ido poniendo escenarios que me han hecho ir cambiando todo lo anterior y que además han sido muy visibles:

Una larga enfermedad de mi mujer donde el dinero deja de tener sentido y pierde importancia. Donde el dinero no puede cambiar este hecho.

Vivir en otro país, donde la cultura es muy diferente en varios aspectos, donde los valores son otros y donde los sentidos despiertan.

Un vacío inminente en el trabajo, donde me di cuenta de que mi vida se basaba en ser esclavo del trabajo a cambio de una remuneración que principalmente me daba “seguridad”, una seguridad mensual en la que invertía en muchas ocasiones la mitad del día, es decir, 12 horas.

Volver a estudiar. En esta ocasión por el mero hecho de aprender y entender muchas cosas que en ese momento no tenían sentido y no podían ser explicadas. Estudiar por placer y no por lucro.

 

Todo este movimiento ha cambiado mi vida. A día de hoy puedo decir abiertamente que no soy parte de lo común, pero si soy más yo. Y aquí empieza la oveja negra, en el momento que lo declaras y no te sientes entendido principalmente por tu propia familia, sino criticado y juzgado. Pero como todo, lleva un tiempo. Lleva el tiempo necesario para que tu mismo te des cuenta de que tienes que respetar tu proceso y así mismo, el de los demás.

 

Volviendo a las etapas que mencionaba al inicio, ahora sí, las detallo:

 

La duda surge cuando las cosas no son las previstas, cuando te das cuenta de que no tienes el control. Cuando empiezas a ver, sentir y creer cosas que antes no te planteabas. En este caso si vamos a un ejemplo real, diría que una de mis grandes dudas surgió cuando mi mujer se recuperó inesperadamente después de unos 6 años de enfermedad y de muchos tratamientos médicos sin ningún resultado. Una consulta de Kinesiología, donde se atendieron diversas emociones del pasado de mi mujer, nos cambió la vida por completo.

La negación de lo que siento. Empieza siendo una batalla interna. Muchas cosas cambiaron en mí, pero me negaba a aceptarlas porque me podían llevar a hacer cambios que me sacarían de mi zona de confort. Siguiendo con los ejemplos reales, aquí podría decir que sentía que tenía que dejar el trabajo y dedicarme a otra cosa. Aquí la negación fue impresionante ya que desperté miedos tales como ¿y de que voy a vivir? ¿y que voy a hacer? ¿y si las cosas no salen bien? ¿y si me estoy equivocando?

La confrontación. Una vez empecé a cambiar patrones, llegó la confrontación. Principalmente la confrontación familiar, donde tratas de explicar las cosas que estás haciendo, pero con una actitud de defensa, con la sensación de que no te escuchan y de que por más que digas las cosas, entran y salen sin resultado. En mi caso podría decir que han sido alrededor de 3 años repitiendo que no como carne ni pescado cientos de veces, pero a modo de burla y/o a modo de olvido me ofrecían cualquier clase de animal y además me decían que algo debería de comer porque me iba a quedar en los huesos, me iban a faltar nutrientes, etc. Aprovecho para aclarar que nada de esto ha sucedido a día de hoy, los exámenes de sangre son mejores de lo que lo eran hace 3 años. Yo lo veía como una falta de respeto (que en gran parte lo es) pero ha día de hoy puedo decir que es más una falta de empatía, una falta de querer entender…

La impotencia y La incomprensión en mi caso fueron de la mano. Impotencia por no saber cómo expresar las cosas, como decirlas para que calen y no tener que estar siempre pendiente. Impotencia hasta el punto de bloquearte y simplemente no decir nada… Todo esto me conllevó a tener la sensación continua de ser un incomprendido, de pensar que esto siempre va a ser así, de que es mejor no hablar.

El aprendizaje. Esta es la parte más bonita. El momento en el que ves, el momento en el que se abren las puertas y te das cuenta de que todo tiene y tenía un sentido pero que no lo podías ver. El momento en el que atas cabos y quedas boquiabierto al ver como ha sucedido todo.  Esto ha sido un gimnasio, es y sigue siendo una formación continua donde las personas que La Vida, Dios, El Universo o aquello en lo que creas te ha puesto para que avances.

En mi caso puedo decir que el aprendizaje hasta el momento ha sido el de confiar más en mí, el de empezar a creer más en mi e ir soltando patrones que me ataban y me hacían no poder disfrutar el momento. El de no hacer las cosas por obligación, sino porque quiero hacerlas.

 

Y esto continua y es diferente para cada uno de nosotros. Si hay algo común para todas las personas es que nosotros mismos tenemos las respuestas, aunque no las veamos.

 

Así que déjate sorprender haciendo los cambios que estén a tu alcance, se feliz con lo que haces y hazte preguntas que te ayuden a continuar, a ver más allá… ¡¡Ámate!!

LA ÉTICA EN LA TERAPIA. Desde mi punto de vista y con relación a la terapia que practico.

Si hablo de “Ética” y “Neutralidad” hablo de dos temas muy diferentes. Teniendo en cuenta una de las definiciones encontradas en el diccionario: “Ética es una rama de la filosofía que estudia la moral y la manera de juzgar la conducta humana” y «Neutralidad es una posición, estado, perspectiva o actitud que no se inclina por alguna oposición y que no participa en un conflicto o contienda”, por lo cual la ética indica o juzga lo que está bien o mal y la neutralidad no aplica el juicio, armoniza.

Entonces, hablaré de la “Neutralidad” que caracteriza mi visión y lo que practico, cuando reconozco mi verdad y la verdad de otros sin juicio.

Para darle forma a la neutralidad, imaginemos un “imán” con sus dos caras: positiva y negativa en equilibrio, en armonía.

En el ser humano este imán con cara negativa y positiva la podemos representar con nuestras emociones. Todo aquello que nos duela, nos genere miedo o resistencia, sin sentido ni fin, se convierte en experiencias olvidadas o traumáticas, pendientes de atender e integrar. Estas emociones acumuladas serían la parte de la cara negativa del imán. Y todo aquello que hemos aprendido, incluido, integrado y reconocido, que nos genera confianza, paz y claridad, sería parte de la cara positiva del imán. Tanto la cara negativa como la positiva, hacen parte del proceso de llegar a la neutralidad, por eso es tan importante una como la otra, sólo el equilibrio entre las dos caras nos alinea en alguna medida.

¿Cómo reconocer si en alguna medida, somos neutrales o equilibrados? Mi propia vida es un indicador del exceso o carencia de polaridad en la que me estoy moviendo o estoy atrayendo. 

Si hablamos de la cara negativa podemos tomar nota de, cuanto sufro por exceso de empatía o por carencia de empatía conmigo mismo o con los demás. O si ya no sufro, porque no puedo empatizar con nadie, algo parecido a «no sentir» o a la «insensibilidad» en alguna medida, porque el umbral del dolor y empatía han superado los límites o no se han desarrollado aún, y no presento manifestación ante el dolor en alguna medida o situación.

Si hablamos de la cara positiva podemos tomar toma de, cuánta felicidad, motivación, agradecimiento, aceptación, reconocimiento y aprendizaje vivo en mi día a día y en mi vida en general.

Y si hablamos de neutralidad, es porque nuestro negativo está armonizado con nuestro positivo. Sin excesos ni carencias de sufrimiento o felicidad, sin excesos ni carencias de trauma y aprendizaje. La manifestación de este equilibrio se verá reflejada en la vida diaria, cuando el nivel de empatía conmigo mismo, es igual a la empatía que siento por los demás y por la situación. Vivo neutralidad en alguna medida, cuando ya he desarrollado la armonía entre todas las partes en alguna medida. Porque he unido o incluido, al mismo tiempo y en la misma medida, las verdades de todas las partes implicadas. Sin generar fricción, resistencia ni sufrimiento, al contrario, gracias a la empatía en equilibrio con relación a todas las direcciones, vivo con confianza, claridad, certeza y verdad.

Cada ser humano vivimos nuestra propia verdad, desde un punto de vista diferente, desde un nivel de consciencia diferente y desde una historia vivida diferente y única. Entonces lo que nos dará equilibrio no es defender, juzgar o luchar por nuestra verdad, sino reconocerla y asumirla con libertad, cada uno la nuestra.

PODEMOS SER ARMONIZADORES O DESARMONIZADORES

Podemos ser Armonizadores o Desarmonizadores

Podemos ser Armonizadores o Desarmonizadores

Además de ser armonizadores o desarmonizadores, también existe la posibilidad de ser una persona armonizadora y no saberlo. La podemos reconocer principalmente porque lo da todo de sí, darlo todo en cada momento es lo que más disfruta y más se le facilita. Su actitud de entrega total le hace creer que no tiene nada que perder y al mismo tiempo teme perder todo, le motiva imaginarse feliz e imaginar feliz a los demás. Puede sentir y empatizar con el dolor y las necesidades de otros, al mismo tiempo se puede frustrar o perder en la insensibilidad y en la invasión de los demás. Otro rasgo que les caracteriza, es su necesidad de hacer y cumplir acuerdos con quienes convive o comparte, porque no hacerlo desde su punto de vista, es avanzar sin o por encima de los demás, pero para quienes no pueden ver su punto de vista, su necesidad de hacer acuerdos y cumplirlos, solo es una actitud de superioridad molesta o una actitud infantil innecesaria para llamar la atención. También les caracteriza la pasión por lo que hace principalmente, porque confía plenamente en su sentir y en la Vida. 

Cuando una persona armonizadora no se da cuenta que lo es, no puede reconocer la magnificencia de su capacidad de amar y servir, y vive las consecuencias del desequilibrio con excesos o carencias en el plano personal, desequilibrándose por un exceso de confianza, convirtiéndose en una persona ingenua que no puede ver la complejidad ni asumir la responsabilidad de relacionarse con personas que se han convertido en “desarmonizadores” o con personas en el proceso de ser “armonizadores”. También puede desequilibrarse por la falta de confianza en sí mismo, convirtiéndole en una persona solitaria o invisible que aprende a pasar desapercibido, mientras armoniza silenciosamente su pequeño mundo con orden y sentido propio, disfrutando y compartiendo con los demás de manera dosificada y tímida, con miedo a dejarse ver tal cual es.

Armonizador o desarmonizador, dos roles del alma que hacen parte del equilibrio de la vida. El ARMONIZADOR es la persona conectada a la consciencia, porque su alma ya aprendió a conectar con la mente y el corazón, por eso puede ser coherente, ya puede recordar quien es sin dolor, puede ver el futuro con sentido y evolucionar en esa dirección siendo testimonio de lo que dice, piensa y siente. Cuando estamos cerca de un armonizador la sensación es muy agradable. El DESARMONIZADOR es la persona conectada a su mente inconsciente, que se alimenta del juicio y el control, es una persona incoherente, desinteresada en cumplir acuerdos y alimentar relaciones transparentes, porque su mayor interés está puesto en su apariencia y su poder, en su mundo interior no hay serenidad ni empatía, porque ha olvidado quien es y tiene la sensación de tener que conseguir y tener, ganando mientras otros pierden. Se suele presentar como un armonizador y a su lado inicialmente podemos sentir agradecimiento y respeto, pero de repente la sensación cambia y en el ambiente se respira confusión, debilidad y la necesidad de esforzarnos para agradarle o servirle.

Ya hemos hablado de armonizadores y desarmonizadores. Ahora hablemos del proceso de madurez espiritual o armonía por el que las almas elegimos pasar. Entendiendo que armonía es volver a recordar y unir las verdades de quienes somos, y desarmonía es el olvido y la separación de quienes somos.

Todos, empezamos el proceso de ser armonizadores, aprendiendo a “recibir” y a empatizar solo con nosotros mismos, sin poder empatizar con las necesidades de los demás porque no nos corresponde desarrollar todavía la capacidad de “dar”, así que empezamos defendiendo lo que creemos que nos pertenece o somos. Igual que un bebé cuando nace, que depende de los demás para vivir y depende de su llanto para dejar ver sus necesidades vitales. El alma bebé llora y recibe, esa es su salvación y su mayor avance.

Cuando el alma deja de ser bebé y se convierte en niño, la personalidad de ese ser humano con alma niño, suele ser divertida pero caprichosa, experto pidiendo y recibiendo pero inmaduro dando y compartiendo, se frustra rápidamente cuando no puede hacer lo que quiere o no le salen las cosas bien en el primer intento, suelen aparentar fortaleza pero en el fondo son solo ternura, su llanto o explosión ya no es su máxima salvación como le sucede al alma bebé. El alma niño son personalidades que lloran o se enferman para «pedir» lo que necesitan, hasta que aprenden a pedir dando y comunicando, y usarán el llanto hasta que dejen de conseguir lo que quieren con el llanto.

Cuando nuestra alma llega a la adolescencia, se abre a lo nuevo, a probar con el fin de disfrutar, desea aprender a dar, pero solo a cambio de algo, mantiene el interés por recibir, pero la curiosidad es su mayor motivación, no sabe medir ni ver las consecuencias de sus actos porque todo es nuevo, porque cree que lo que es o tiene se lo han dado o regalado, por lo cual cree que no le pertenece, muy en el fondo cree no ser ni tener nada, y esa sensación de vacío le lleva a correr riesgos sin miedo a perder. Así que empieza a experimentar su máxima plenitud haciendo lo que más les gusta y su mayor vacío haciéndose daño. En este caso el alma adolescente son personas que no lloran o lo ocultan porque el llanto para ellos es sinónimo de desventaja, por lo cual, son seres humanos que se enfocan en divertirse y se esfuerzan por ocultar lo que les duele para jugar a ser grandes, fuertes y maduros.

Cuando nuestra alma llega a la edad adulta, nos convertimos en seres humanos con una personalidad muy servicial, incluso desde que nacemos, porque sabemos que nuestra misión es dar sin interés para llegar a amar incondicionalmente, nos parece más importante dar que recibir no porque lo sea sino porque ya hemos aprendido a recibir en otras vidas y en esta, hemos venido a aprender a dar. Nuestras personalidades tienen un rol de “madre” porque necesitamos y queremos cuidar a otros o de “padre” porque necesitamos y queremos proteger a otros. El “llanto” deja de ser la salvación del “alma bebé”, el consuelo del “alma niño”, la debilidad del “alma adolescente”, y se convierte en un acto de “rendición” del “alma adulta”. El alma adulta cree que no necesita llorar, pero cuando lo hace es porque se ha rendido, ya sea porque cree haber fracaso, con la sensación de haberlo hecho todo sin resultado o porque no puede creer la plenitud de haber logrado mucho más de lo que imaginaba o cree merecer. 

En cuanto al alma antigua “el llanto” se convierte en su conexión, el puente entre la mente y el corazón, el motor que le lleva a integrar el sentido de la consciencia y la inconsciencia, de lo antiguo y lo nuevo. El llanto ajeno y propio se convierten en la chispa que rompe y al mismo tiempo une, el equilibrio entre lo que duele y motiva, porque le lleva a experimentar la unidad del todo y la nada al mismo tiempo. El llanto se convierte en un escape a la inclusión y a la totalidad de los que somos y hemos creído ser, el llanto deja ver la diferencia que no se ve, sin vanidad ni ambición. El alma antigua que no se ha dado cuenta que lo es, puede actuar como un alma bebé, o sea como un ser humano con una empatía extraordinaria pero al mismo tiempo dependiente, intolerante y temeroso que todo le duele o le asusta, o como un alma niño que se entretiene solo jugando, sin la confianza de poder hacer algo transcendental, porque no puede valorar el camino recorrido y sigue caminando a la espera de que algún día termine y alguien le explique lo que ha pasado. Pero cuando un alma antigua puede reconocer que lo es, el “llanto y todo lo que le duele” se convierte en su sentido de vida para permitirse amarse y amar, permitirse hacer lo que ama y hacerlo amando, convirtiéndose en un ser humano conectado a la consciencia, al servicio del amor incondicional y testimonio de lo que predica y sabe.

MI EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE

Mi Experiencia cercana a la muerte (ECM)

Mi Experiencia cercana a la muerte (ECM)

Esta es la primera vez que escribo públicamente sobre mi muerte y mi renacimiento vivido en abril de 2.015, desde entonces he escrito mucho y me he formado continua y especialmente sobre temas como la consciencia, el campo electromagnético, el sentido propio de la vida y el potencial interior del ser humano, porque la información, los cambios y la expresión del amor que siento por la vida desde ese momento, han sido mi motor para avanzar en esta dirección, desde la libertad y la plenitud en cada paso que voy dando.

Cada vez somos más personas, que hemos experimentado la muerte y hemos vuelto después de ver la luz al final del túnel, un túnel donde pudimos ver nuestra vida como una película que empezó por el presente, que se conectó con el pasado y el futuro y que en el “ahora” no tiene final. Cada vez somos más personas que hemos visto nuestro cuerpo físico desde arriba porque hemos estado fuera de él y después de este viaje en el tiempo infinito hemos empezado a vivir grandes cambios de consciencia, que traen un nuevo orden en las prioridades y en la dirección hacia donde queremos ir.

Independientemente de las estadísticas, las diferencias y las similitudes de las experiencias cercanas a la muerte, cada uno lo vivimos desde nuestra propia historia y proceso, como algo único, donde no caben las comparaciones ni los juicios, posiblemente por lo inexplicable y extraordinario que es el propio hecho de morir y volver a nacer en el mismo cuerpo.

Desde ese momento mi vida ha venido cambiando aceleradamente, con continuos procesos de transformación y transcendencia en todos los sentidos. Soy arquitecto y durante 12 años me dediqué a la gerencia de proyectos arquitectónicos desde un enfoque de esfuerzo por un mejor estilo de vida, ganar más dinero, tener cada vez más y mayores responsabilidades en un mundo intensamente intelectual. Ahora me dedico a sentir, a recordar, a conectar y a saborear a través de lo que hago en cada instante. Actualmente me dedico a hacer lo que amo, hago terapia, consultas, talleres y charlas relacionadas a la sanación de las heridas del alma, para volver a conectar la historia que se rompió o se detuvo  después de una experiencia traumática que se repite de alguna manera continuamente. También amo escribir, pintar y familiarizarme cada vez más con la energía de la vida que donde envuelve para seguir fluyendo.

Podría decir que mi alimento y mi medicina se han vuelto mi capacidad de reconocer y compartir mi verdad de cada instante presente, cada vez de manera más natural, más humana y más fluida con todo y con todos.

Viví y vivo el miedo, la confusión, los cambios y las diferencias con sufrimiento, pero ahora con aceptación y reconocimiento. Podría decir que hacerlo es uno de los grandes cambios en mi vida después de morir, porque el miedo ya no lo vivo como si fuera mi enemigo, ahora lo vivo con respeto y agradecimiento porque se ha convertido en una señal de la consciencia, para alinearme y calibrarme cuando sin darme cuenta me he salido de mi centro. Posiblemente uno de los mayores miedos sea al juicio propio y al juicio de los demás, por falta de confianza y entendimiento por lo que vivimos, por la gran diferencia con lo que nos han enseñado a todos en el sistema educativo, social, cultural y laboral. El gran miedo a las críticas, a los juicios y a los diagnósticos que empoderan la sensación de “dependencia, limitación o exclusión” antes que empoderar «autonomía, inclusión y sanación».

En mi proceso personal, he tenido abundancia de ayuda y recursos que me han acompañado en el camino de ir asimilando e integrando toda esta aceleración de vida. Y gracias a cada paso dado, cada vez me siento más viva, más sana, más feliz conmigo misma y con los demás, de hecho, la sensación más cercana a lo que siento es de enamoramiento por la vida. Me apasiona entender, volver a unir, integrar y sanar los bloqueos existenciales y las heridas del alma.

Me motiva vivir sin juicio, con una apertura cada vez mayor por lo que veo, siento, pienso y hago. Cada día me sorprende con la magia de reconocer y confiar profundamente en el potencial interior del ser humano.

No he vivido un duelo ni pérdida por mi vida anterior, posiblemente por mi propia transición o porque nadie me pidió ni me obligó volver. Morir para mí fue una oportunidad de reconocer mis ganas infinitas de vivir, fui yo quien pidió regresar desde lo más profundo de mí, elegí volver y fui escuchada. Mi deseo fue concedido a cambio de compartir lo que vivo con quienes quieren y pueden compartir lo que viven ellos igualmente. Desde que he vuelto a nacer, ya casi 4 años, me dedico a recordar, a compartir mi experiencia, a sanar mis heridas del alma, a acompañar y facilitar a quienes quieren y están sanando las suyas, a construir la vida que amo. Y lo vengo haciendo sin esfuerzo, sin obligar ni convencer a nadie, al contrario, la sensación es que cada vez lo hago sintiéndome más libre, más natural, más acompañada y más auténtica, con la certeza de que todos vamos en la misma dirección en alguna medida y manera.

Ahora todo ha cambiado, especialmente conceptos como la muerte, la vida, la ayuda, el amor, la salud y la enfermedad. La muerte ya no es un final, es un nuevo comienzo. La vida ya no es un esfuerzo, es una oportunidad. Mi salud y mi enfermedad ya no dependen del “exterior”, ahora son el reflejo de mi responsabilidad y mi coherencia con mi mundo “interior”. La ayuda ya no es sinónimo de dar por o con necesidad, ahora dar y recibir es la manifestación del equilibrio que confirma lo que está pasando dentro, reflejado en el afuera.

El amor ya no es una emoción, ahora sé que es la frecuencia más elevada de donde todos venimos cuando somos uno y a donde todos vamos cuando volvemos a sentirnos conectados unos con otros.

GRACIAS ANTONIO

Antonio fue un niño que sufrió porque nació sin la capacidad de obedecer sin antes entender el sentido integral de lo que hacía, se esforzaba al máximo por hacerlo, hizo todo lo que pudo hasta que se convenció de que por más que quisiera y lo intentara “no lo iba a conseguir” porque su cerebro y su corazón no sabían apagar la voz interior que le decían “¿por qué y para qué lo haces, qué sentido tiene hacerlo de esa manera y en ese momento?” por lo cual no podía acatar órdenes que contradecían su libertad innata de elegir, entender, compartir y de llegar a nuevos acuerdos donde se respetarán las diferencias y se encontrará un sentido propio para todas las partes.

Se llegó a convencer de que era malo porque no se sentía parte del sistema educativo que sus padres con la mejor intención habían elegido para él, se convenció de que era torpe porque no sacaba buenas notas, que era menos que los demás porque no se adaptaba a las normas estandarizadas, que era un fracaso porque hacia enfadar y perder dinero a sus padres, que era un inútil porque no conseguía darle gusto a los demás y que era un problema porque sus padres no sabían entender y mucho menos disfrutar su manera de ser y de ver la vida.

Ya no solo estaba desesperado por NO saber qué hacer, además estaba triste, asustado, frustrado, estaba en shock, se sentía solo en medio de mucha gente, se sentía un cero a la izquierda porque nadie veía su valía, por lo cual, se había convencido de no permitirse ser quien era, entendió que no era digno de ser amado, respetado, feliz, libre y mucho menos de conseguir hacer algo bien por él mismo y para los demás.

Aprendió a auto-sabotearse, auto-destruirse, obligándose a callar, comer entero, anularse, abandonarse, compararse, enfermar, ya no quería hacer nada porque su gran tesoro “su gran capacidad de vivir con sentido y coherencia propia” no había sido reconocido por las personas más importantes en su vida, no había sido parte activa del sistema educativo al que asistía, se había convencido de que “su vida no tenía sentido” y había encontrado soluciones temporales actuando desde la inferioridad y la superioridad, pero hacerlo tampoco le ayudaba.

La buena noticia es que nunca es tarde para que Antonio pueda reconocer su gran tesoro “su valía única de vivir con un sentido único”. Hoy puede ver que ha pagado el precio de vivir sintiéndose “excluido” por marcar la diferencia sin proponérselo, hoy está  transformando su experiencia traumática en un nuevo sentido de vida para una nueva humanidad, donde predomine la “inclusión”, donde todo niño se sienta digno, reconocido y apoyado por “sus propias capacidades y limitaciones”, y no por “las expectativas y creencias de un sistema estandarizado”, donde predomine el respeto por la autenticidad y no por las comparaciones y la competitividad.

 

Hoy Antonio agradece el aprendizaje que había detrás de su proceso traumático, gracias a sus experiencias más difíciles ha podido desarrollar la capacidad de valorar por el mismo su mayor riqueza, su gran potencial. Un potencial único, como todos los potenciales de cada ser humano. Un potencial que solo puede disfrutar cuando es reconocido como único. Un potencial que solo puede servir para los demás cuando es válido para su propia vida.
“Gracias Antonio por abrir tu corazón y permitirme escuchar el regalo que tienes para compartir y transformar la humanidad en una nueva humanidad”

(Personaje inventado, inspirado en todos los niños, adultos, mujeres y hombres que nos hemos convencido en algún momento, de NO ser lo suficientemente válidos ni dignos en nuestro entorno inmediato por ser quienes somos).

 

 

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