La voz del alma

GUISELLE MIRANDA

 

BIOGRAFÍA

 

Nací en Colombia el 1 de octubre de 1977 y vivo en España desde el 2001.

Mi gran característica y guía, el SENTIR.

Sentir, percibir con todos los sentidos, sentir más allá de lo físico, desde el sentido común y el sentido propio.

Estudié Arquitectura y durante la carrera trabajé en proyectos de diseño, urbanismo, construcción y gerencia. Me especialicé y dediqué profesionalmente a la gerencia de proyectos arquitectónicos durante más de 10 años. Viajé alrededor de España y a otros países de Europa especialmente, recordando mi historia y abriéndome a nuevas maneras de SENTIR el mundo.

Desarrollé una enfermedad autoinmune en el 2009 que paralizó mi intestino delgado y grueso. Las pruebas médicas confirmaron alergia e intolerancia prácticamente a todo (alimentos, químicos, ambiente, animales, plantas). Y una motilidad intestinal “dormida” incapaz de digerir, absorber y eliminar de manera natural los alimentos. Mi alimentación se convirtió en un proceso de intoxicación permanente, que me permitió ver limitaciones en todos los sentidos.

La enfermedad se hizo visible el día que Alberto y yo compartimos abiertamente nuestra decisión de casarnos.

Al final, fueron seis años de enfermedad desesperantes para mi y para los médicos porque los tratamientos no conseguían detener ni mejorar los síntomas y tampoco encontrar la causa. Hoy recuerdo los días más dolorosos y difíciles de la enfermedad, como un “despertar de consciencia”, donde mi alma recibió el alimento y el medicamento que necesitaba. La situación de silencio, quietud, soledad, ayuno y apoyo de quienes me amaban me acompañaron en un viaje de 50 días de conexión con mis Registros, que me prepararon para morir y volver a nacer en el mismo cuerpo.

En abril de 2015 tuve una experiencia cercana a la muerte (ECM). Mi alma desde el techo de la habitación veía la cama con mi cuerpo muerto, sentí la oscuridad (el túnel) y la luz (el final del túnel), viajé en el tiempo recordando con mayor claridad mi vida en el pasado, presente y futuro, de esta y otras vidas. Recordé el SENTIDO de lo vivido y confirmé el SENTIDO de volver a elegir y de volver a vivir. Sentí todo y nada, fuera y dentro del tiempo y el espacio.

Regresé a mi cuerpo, sabiendo que sanaría, no sabía cómo ni cuándo, pero lo sabía. Y así ha sido. Unos meses después de la ECM, mi intestino volvió a funcionar de manera natural, me sentí cada vez más fuerte y enérgica, las intolerancias y alergias desaparecieron todas, el dolor se transformó en una herramienta de aprendizaje, me sentía cada vez más conectada conmigo y con todo, una gran toma de consciencia me permitió entender el sentido profundo que había detrás del sufrimiento. Empezaron a aparecer con mayor facilidad, circunstancias, técnicas, información y señales que me aportaron aceleradamente, más recursos y más acompañamiento en el proceso de estar viva. Sabía que había regresado sin miedo a morir, con la certeza de abrirme y permitirme vivir desde el “Yo Soy”.

La enfermedad de mi intestino delgado me acercó a la capacidad de asimilar mis experiencias traumáticas, me ayudó a soltar creencias de miedo a la vida. Y la de mi intestino grueso, me acercó a la capacidad de soltar y expresar lo que sentía reconociendo y transformando el miedo a “mi verdad”.

Entendí que había estado viviendo desde el esfuerzo, la obligación y la necesidad de ocultar lo que SENTÍA por miedo a hacer daño o fracasar. Ocultar lo que sentía me había servido para avanzar y sobrevivir, pero por otra parte, y sin darme cuenta había alimentado la culpa, la vergüenza y el victimismo intentando ocultar abusos, violaciones y acoso sexual durante mi infancia y mi adolescencia. En el momento en que había elegido compartir mi mundo en pareja, mi intestino dejó ver la parálisis interior que había en mis recuerdos, una distorsión entre mis emociones y mis pensamientos que me activaban la sensación de peligro. Elegir y asumir un compañero de vida no estaba dentro del programa que me había funcionado hasta el momento, pero sin duda el propio camino me había estado preparando para ello.

Alberto hizo parte de un nuevo gran incio y hoy sigue siendo la persona con quien elijo cada nuevo día, seguir avanzando, despertando y renaciendo constantemente. Hoy han pasado varios años desde nuestra boda en 2010 y del final de la enfermedad en 2015. Desde entonces soy más consciente de que vivo mi camino con una pareja que va mucho más allá de la tradición y lo físico, que mi familia son mis raices, mi hogar y mi universo, que mi mayor motivación la encuentro en la práctica y la dedicación total de nuevas maneras de vivir, del encuentro íntegro del cuerpo físico, emocional (alma) y mental (espíritu), en la armonía viva y constante de cada instante.

Me dedico a atender mi propia verdad y a acompañar a otros en el proceso de atender las suyas. Entendiendo que “verdad” es la conexión y la coherencia interior que nos hace sentir a salvo con nuestro entorno y en nuestro propio mundo. Pero si la verdad interior está distorsionada, desconectada de nuestra esencia, hay incoherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos con nosotros mismos y con los demás, la sensación es de peligro, limitación, reacción, bloqueo o separación. “Atender”, es la capacidad de sentir con neutralidad, para volver a unir, conectar, sanar, reconocer, entender y recordar el sentido propio con respeto y honra.

 

 

 

“Reconocer la verdad interior de manera neutral nos permite expresar el YO SOY y desarrollar un SENTIR de empoderamiento del SER”

 

SENTIR: Capacidad de percibir con todos los sentidos. COMUNICACIÓN.

SENT: Ir adelante, tomar una dirección. CERTEZA.

SENTIRE: Experimentar una sensación que llega por todos los sentidos. Tomar una decisión por haberse orientado por los sentidos. CONFIANZA.

SENSUS: Sentido común. CONEXIÓN.

 

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