LA VERDAD ES UN RIESGO

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En griego “verdad” es “ἀλήθεια” (aletheia): “lo que no está oculto”, “lo que se manifiesta claramente tal y como es en su ser”, “ser auténtico”.

El idioma árabe añade un matiz afectivo a esta idea de verdad entendida como confianza. El verbo “sadaqa” (“صدق”) se traduce por “ser sincero”, “verídico”, “decir la verdad”, y es la raíz que da origen a la palabra “amigo” “sadyq” (“صديق”). Amigo es aquel a quien podemos decir la verdad y de quien podemos esperar la verdad, aquel en quien confiamos, a quien necesitamos para salir del error. Una amistad mentirosa, una amistad falsa, es tan imposible como un amor sin ternura o como un cariño frío.

¿Nos expresamos y actuamos tal y como somos, con transparencia? Ya nos gustaría, pero para allá vamos toda la humanidad, por el momento ya es un gran avance el que podamos reconocer que este mundo se ha caracterizado hasta el momento por la falta de coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, y por la gran ignorancia sobre nosotros mismos.

Sin ir muy lejos, en el día a día vemos cómo sin pretenderlo hacemos daño a las personas que más nos importan, cómo dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a lo que menos nos gusta e incluso a veces cómo nos obligamos a mantener relaciones o actividades que nos hacen daño.

En medio de tantas costumbres incoherentes y de leyes rígidas que anulan nuestra naturaleza de cambiar constantemente, hemos normalizado aquello que no es nuestro o ha dejado de tener sentido, por todo esto es que ser verdadero o decir la verdad es todo un riesgo.

Romper patrones desde la autenticidad es un riesgo al rechazo, a la crítica, a que te señalen, a que te llamen loco. Salir de lo cotidiano y del común es un riesgo a probar nuevas experiencias, a conocer lo que hay más allá de lo que se ve en primer plano y a encontrar aquello con lo que realmente te identificas, disfrutas y te sientes pleno. En un principio puede parecer un camino solitario, pero cuando menos nos lo esperamos nos vamos volviendo a encontrar con nosotros mismos y además acompañados, con un sentido propio al hacer lo que hacemos. Nos volvemos nuestro mejor amigo a la hora de tomar decisiones y de tomar el riesgo a lanzarnos al vacío haciendo lo que realmente queremos.

Nuestra originalidad es un riesgo que nos lleva a actuar con autenticidad para volver al origen, a lo natural y a nuestra verdadera esencia.

NO SOY EL HIJO QUE MIS PADRES ESPERABAN

Porque es imposible serlo, incluso en el “mejor” de los casos.

¿Es necesario que el hijo o hija sea lo que los padres quieren que sea? Por cultura, creencias o costumbres se podría pensar que sí, pero en realidad es imposible e innecesario porque los hijos aunque se parezcan o tengan un modelo a imitar por parte de sus padres también tienen su propia identidad, sus propias fortalezas y sus propias debilidades.

Independientemente de la educación, de las ayudas y de los estímulos durante su desarrollo, los hijos tienen sus propios objetivos en la vida y si no nos damos cuenta de esto, no podremos respetarles como nos gustaría.

Si un hijo cree que debe cumplir con las expectativas de sus padres es porque sus padres desde su ignorancia así se lo han transmitido directa o indirectamente.

Si un hijo se esfuerza por ser igual que su padre o madre es porque le idealiza. En estos casos los padres sin darse cuenta han permitido que sus hijos crezcan sintiéndose inferiores a ellos o sin el permiso de ser auténticos.

Si un hijo cree que puede hacer feliz o hacer daño a sus padres es porque en algún momento y desde la inconsciencia, los padres han dado esa responsable a su hijo.

Los hijos no son propiedad de los padres ni son los responsables de cumplir con las expectativas de nadie. Los hijos son realmente hijos de la Vida. Los hijos son prestados y también son maestros que vienen a enseñar a los padres la verdadera definición del amor incondicional a través del desapego. Los padres tan sólo son responsables del ejemplo, responsables del acompañamiento y de los límites que un hijo necesita antes de convertirse en adulto.

Los hijos “no adultos” son el resultado de lo que hacen o dejan de hacer sus padres, de sus experiencias y de sus herencias, pero no tienen que depender de los demás toda la vida porque en algún momento podrán tomar la responsabilidad de sus decisiones, a esto se le llama madurez y crecimiento, pero esto no dependerá de la edad sino del auto-conocimiento y del equilibrio de su autoestima.

Tener hijos o no, ser padres, madres o no, independientemente de esto todos los seres humanos somos hijos con objetivos en común, uno de ellos “Ser responsables de nuestras experiencias y herencias, dejar de ser niños sin olvidar que somos hijos y dejar de estar bajo la responsabilidad de los demás para empezar a ser responsables de nosotros mismos”.

La felicidad de padres e hijos está directamente relacionada con el orden y el desorden en nuestros roles de responsabilidad.

El verdadero objetivo de todo padre y madre es la felicidad de sus hijos, incluso en los casos y relaciones más complejas este objetivo existe aunque no lo parezca a simple vista por la sencilla razón que los padres dan lo mejor de sí a sus hijos y la manera en que lo hagan al final sólo será un medio. Detrás de todo hijo, padre y madre existe un ser completo con la capacidad innata de vivir con autenticidad una historia única. Esto nos recuerda que la felicidad consiste en ser auténtico, volver a la esencia y a lo simple.

¿CREO O CONFÍO?

Confundimos las creencias, con la confianza en nosotros mismos y con la confianza en la vida. Por el momento esto ha sido lo más humano y lo más común pero no lo más sano ni lo más natural.

También ha sido común caer en el otro extremo de no creer en nada ni confiar en nadie, pero al final el conflicto interior es el mismo porque empieza la duda, el miedo, la frustración… empezamos a tener pensamientos repetitivos, que nos controlan y perdemos la tranquilidad, nos volvemos reactivos, lanzamos juicios, críticas y elevamos el nivel de exigencia basado en algo inexistente que sólo puede imaginar nuestra mente.

Al igual que cuando alguien nos dice cosas positivas y nos sentimos grandes o más que otros, o cuando nos dicen cosas negativas y nos hacemos pequeños o nos sentimos menos que otros. Esto es sólo un reflejo de nuestra autoestima, que nos permite ver que no nos conocemos lo suficiente y que dejamos en manos de otros el valor y la confianza de nosotros mismos.

Al final nos damos cuenta que las creencias van llegando a su fin según van cumpliendo su función y vamos reconociendo que la confianza y la felicidad están en nuestras manos y siempre lo han estado, nunca fueron los demás quienes tenían el poder de hacernos daño, éramos nosotros mismos desde la inconsciencia viviendo una realidad subjetiva y sin sentido, quienes caíamos en el sufrimiento y en la idea de no poder salir de aquello.

Ahora reconocemos que somos nosotros mismos quienes podemos y debemos filtrar, aceptar y elegir sólo aquello que es coherente con nosotros, es algo que sólo nosotros podemos entender, nadie más, a menos que queramos compartirlo.

Responsabilidad, este acto de despertar el poder interior para vivir cada instante según nuestra consciencia, sin deudas, obligaciones, vergüenza ni sufrimiento, viviendo nuestro propio proceso. La responsabilidad nos enseña la diferencia entre creer y confiar.

 

“LOS NIÑOS APRENDEN DE TODO LO QUE VEN, ¿Qué están viendo en mí?”

 

Si exijo o espero que los niños hagan lo que yo digo sólo por mis propios intereses, los niños entenderán que lo que yo espero y quiero de ellos es que sean seguidores, dependientes, inseguros, manipuladores o tiranos…

Si despierto el interés en ellos mismos para hacer lo que espero que hagan, asumo la responsabilidad de dar los recursos necesarios para que lo logren y además soy ejemplo de lo que espero que hagan, entenderán que pueden ser autónomos, auténticos, curiosos, libres, seguros,… y además tendrán una idea de cómo hacerlo.

Si permito que hagan lo que quieran sin límites y sin sentido, entenderán que pueden ser egocéntricos, intolerantes, derrochadores y caprichosos…

Si permito que hagan lo que sienten y además asumo la responsabilidad de dejar claro los límites y las consecuencias de lo que tengan a su alcance para elegir, entenderán el concepto de ser consecuente, empatizar, respetar, valorar, elegir y de cómo ser coherentes con ellos mismos.

Si prohíbo o niego la expresión de sus sentimientos, entenderán que tienen que ser diferentes a lo que realmente son, o sumisos, introvertidos, vergonzosos e incluso  agresivos.

Si me permito acompañar a los niños en su proceso de expresión de lo que realmente son, estaré generando confianza y seguridad para que reconozcan sus emociones,  entiendan que pueden ser tal cual son, que pueden desarrollar sus auténticas capacidades.

Sólo si me respeto, me entiendo y me acepto a mí misma podré acompañar a otros en su desarrollo desde el  respeto, entendimiento y aceptación.

Sólo si me acepto sin falsas expectativas, podré aceptar a los demás tal cual son, sin falsas expectativas.

Todos somos Vida

Somos VIDA desde la libertad de elegir y desde el placer de compartir lo que vivimos.

Desde la igualdad y al mismo tiempo desde la autenticidad.

La VIDA es luz, amor y paz.

La Vida nos recuerda que todos brillamos, que lo importante no es la cantidad de luz que podemos contener en nuestro interior porque al fin y al cabo todos somos luz. Nos recuerda que lo realmente importante es la cantidad de oscuridad que iluminemos según vayamos experimentando lo que somos.

¿Brillar o iluminar? Todos brillamos en nuestro interior pero sólo iluminamos cuando nuestras decisiones y acciones reflejan fuera, la luz que tenemos dentro.

La Vida nos recuerda que todos somos amor, no por lo mucho que agrademos o seamos complacientes con los demás sino por lo mucho que nos conozcamos y nos respetemos a nosotros mismos. Sólo cuando nos respetemos y nos conozcamos a nosotros mismos, lo podremos hacer con los demás sin esfuerzo.

La Vida nos recuerda que somos paz, cuando sintonizamos con el sentido profundo de nuestras experiencias.

La ausencia de Vida es miedo, exclusión, fuerza, resistencia, lucha, esfuerzo, juicio, creencias, crítica… Todos estamos en el proceso de recordar que somos Vida, a través de la coherencia podemos soltar aquello que no somos y volver a Vivir.

Gracias a todos existe la VIDA!

Equivocarme

 

En su momento sólo sabía que me dolía lo que los demás hacías y decían. Después llegue a creerme una víctima de las decisiones ajenas y del sistema, según iba creciendo empecé a actuar como si todo y todos pudieran y quisieran hacerme daño, aprendí a vivir sin confianza, a centrarme en los problemas, mi día se basaba en las obligaciones, en lo correcto e incorrecto, en el esfuerzo y en la lucha.

 

Hasta que me cansé y reventé en llanto, todo me dolía, poco a poco me fui sintiendo cada vez más sola, me sentí enferma, incluso me sentía muerta en vida, no quería más de lo mismo, llegué a creer que la vida era dura y difícil. Y sin darme cuenta, todo esto me llevó a aislarme, a estar quieta y en silencio absoluto.

 

Y en esta silenciosa quietud, pude recordar, incluso pude agradecer todo el proceso y pude reconocer que cada momento fue necesario para experimentar una misma situación desde diferentes perspectivas. Pude ver claramente que la situación siempre fue la misma pero era yo quien iba cambiando el enfoque y la apertura, porque me lo permitía o me saciaba de ver lo mismo.

 

Ahora sé que nada fue un error, que nunca me equivoqué, que sólo fue un juego de la mente pretendiendo encontrar una explicación al por qué nadie se puede equivocar. Y por fin entendí que todo sirvió y que todo sirve, que todo está relacionado y que todo tiene un profundo sentido.

 

Cuando pude ver todo esto, empecé a vivir desde la certeza de que siempre y en cada momento soy yo quien elige todo lo que me llega o se me cruza en la vida y además, soy yo quien elige como vivirlo y hasta cuando vivirlo, consciente o no, todos tenemos esa capacidad y es tan simple y natural que no necesitamos esforzarnos por desarrollarla pero desde la mente esto no lo podemos ver.

Carta de un bebé

 

Mi consciencia es tan real y completa como la tuya
pero mi cuerpo es inmaduro y pequeño.
Te veo aunque tú no me veas.
Veo tu cuerpo, tu alma y tu espíritu. Pero tú solo ves mi cuerpo.

Estoy en tus manos y de ti depende lo que hagas conmigo.
Hagas lo que hagas no lo evitaré, solo seré un espectador.
Por el momento sé quién soy y sé quién eres, somos Vida.
La Vida es amor, perfección y liberad.
La Vida lo es todo y al mismo tiempo no impone nada.

En cuanto experimente el dolor y el miedo, olvidare quienes somos,
empezaré a creer que soy mis experiencias, así como tú
que crees que eres tus propias experiencias
y lo que te han contado que eres.

Si atiendes mis necesidades me creeré merecedor y valido
si no lo haces creeré que no soy digno de ser atendido.
Si me golpeas, me impones, me obligas o me castigas
creeré que soy un error y que debo ser lo que los demás quieren,
creeré  que debo ser sumiso y callar para evitar el dolor
aprenderé a ser como tú como referencia y aprenderé a defenderme.

Si me tratas con lastima, inseguridad o miedo
creeré que soy débil, vulnerable, incapaz y actuaré como
una víctima a la espera de que alguien me ayude.

Si me tratas con rigidez, autoridad y frialdad creeré
que lo que hago, lo hago mal siempre
que debo buscar la aprobación o el permiso de los
demás para moverme o tomar decisiones.

Si me das todo lo que quiero o me permites todo,
sin dejarme ver las consecuencias de lo que hago
me creeré dueño de todo, sin responsabilidades,
sin motivación para compartir y con la falsa sensación
de ser mejor que los demás.

Si me lo haces todo, tomas decisiones por mí y
no me das la opción de elegir nunca, creeré que para agradarte
y respetarte no debo hacer ni decir nada por mí mismo.
Y en cuanto me vea obligado a hacer algo yo sólo,
creeré que la vida no tiene sentido.

Asegúrate de entender lo que quiero y lo que quieres,
permítete darme todo lo que nos haga sentir a gusto.
Asegúrate que el ambiente y el espacio en el que nos movamos
sea seguro y cómodo para ti y para mí, así estarás tranquil@
y yo me sentiré válido, libre y seguro.

“Porque lo digo yo…”

 

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Soy libre de elegir lo que decido vivir, pero… ¿Soy libre o responsable de lo que los demás decidan vivir?.

Todos al igual que yo somos libres, niños o adultos, hombres o mujeres, conocidos o desconocidos…

Soy libre pero serlo no implica invadir la libertad de los demás…

Somos libres pero no estamos solos, no estamos desconectados unos de otros, ni de lo que nos rodea porque todos formamos la libertad.

Somos libres y esto incluye responsabilidad para asumir o experimentar lo que elegimos.

La vida es libertad y al mismo tiempo lo incluye todo. Somos el todo como la unidad formada por múltiples partes. Qué sentido tiene la justificación de: “Porque lo digo yo”… ¿A quién quiero convencer o engañar?

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