AYUDAR O SEMBRAR

Ayudar o Sembrar: El alimento, la energía y la sombra alcanza para todos las partes siempre que se respete el proceso orgánico. Altea, Alicante. kinesiolgía
Ayudar o Sembrar… Cuando caen semillas vivas en tierra preparada, se mantiene y se multiplica la vida, permanece el constante cambio, la transformación, y además del crecimiento y el beneficio individual, también se manifiesta el crecimiento y el beneficio colectivo. El alimento, la energía y la sombra alcanza para todos las partes siempre que se respete el proceso orgánico, pero cuando el ciclo de la vida no se completa, se altera, o se interrumpe, sólo unos pocos se benefician de la ayuda y de la siembra.

Es importante el tipo y el estado de la semilla, tan importante como el de la tierra porque si alguna de las dos partes no es apta o no está preparada, no habrá fruto, aunque haya luz, agua y todos los recursos necesarios.

Si pudiéramos ver la “ayuda” como una “semilla”. Y a la “persona que necesita de otros para su transformación”, como la “tierra en dónde caerá la semilla”, veríamos con mayor perspectiva el “propósito de ayudar y ser ayudado”.

A ningún ser humano nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer, que nos señalen, critiquen o juzguen. Al contrario, nos gusta sentirnos reconocidos, apoyados y valorados. Pero esta teoría no es tan fácil de aplicar cuando actuamos desde la ignorancia del equilibrio de la Vida, de quienes somos, de nuestras capacidades y la de los demás.

En los casos, en que la opción de ayudar nace de emociones positivas y equilibradas como el respeto, la compasión, la libertad, la verdad, la confianza, el entendimiento, el agradecimiento… estamos sembrando semillas vivas, sin el interés de interrumpir el proceso de fotosíntesis y de transformación natural de cada persona. En estos casos, el interés de que todas las partes se vean beneficiadas es parte de nuestro propósito.

En los casos, en que la opción de ayudar nace de emociones negativas y contradictorias como la lucha,  el sacrificio, ,la crítica, la mentira, la pena, la vergüenza, la necesidad, la carencia, la amenaza, la culpa, la violencia… estamos sembrando semillas alteradas o sin vida, sin el interés ni la capacidad de valorar los procesos de todos y de cada una de las partes, al contrario nos sentimos con el derecho de obligar, acelerar, evitar o cambiar a otros a que sean como nosotros, convirtiéndonos en héroes, salvadores o jueces, con el derecho de criticar el equilibrio de los procesos individuales y de poner en duda el equilibrio de la naturaleza y de la creación universal.

Cuando ayudamos a personas que NO nos han pedido ayuda, porque posiblemente no pueden pedirla en ese momento o no están dispuestas a valorar lo que hagamos, y aún así ayudamos, es lo mismo que sembrar en tierra “no preparada” o en tierra “ajena”, invadimos o nos invaden sin darnos cuenta, nos frustramos porque nos hacemos falsas expectativas y porque no conseguimos recoger la cosecha.

Cuando ayudamos a personas que, SI nos la han pedido, y además tienen la capacidad de valorar y asumir las consecuencias de lo que piden, se hacen responsables de los cambios que la ayuda les impulsa a hacer. En estos casos, nuestras semillas han sido sembradas en tierra fértil, preparada para producir y multiplicar los procesos de transformación. Vamos ligeros por la vida, sin las consecuencias de invadir, obligar ni manipular a nadie a ser responsable, tampoco nos sentimos utilizados ni obligados a huir de los demás, porque nos basta y sobra, ser responsables de nosotros mismos y de nuestra propia siembra.

Cuando NO sabemos pedir ayuda o rechazamos la ayuda, se hace pesado, convertimos la vida en una lucha, nos convencemos de que la vida es dura e injusta, nos convencemos de que tenemos que cambiar el mundo, nos volvemos expertos jueces de la siembra de los demás. Pero la Vida es perfecta y nos recuerda que abonar durante la siembra también hace parte importante del proceso de crecer.

¿Cómo podemos ayudar a personas necesitadas que no se dejan ni piden nuestra ayuda? ¿cómo sembrar en tierra no fértil o no apta para sembrar?… Usando nuestra semilla como abono en nuestra propia tierra, en nuestra propia siembra. Ocupándonos y conociéndonos a nosotros mismos, evitamos sembrar nuestras semillas en tierra no preparada y evitando invadir tierra ajena.

Sembrar o abonar en nosotros mismos nos permite ocupar nuestro sitio, cuidarlo y disfrutar de nuestra propia cosecha, sin expectativas, pero con la confianza de que podrá ser compartida con quien quiera y la pueda valorar. No es un acto egoísta, al contrario, es un acto de respeto, de mucho valor y responsabilidad por nuestra parte, de aprender a ver nuestros límites, nuestros procesos, nuestras capacidades y la de los demás.

 

UNA MIRADA A NUESTRA AUTOESTIMA

 podemos confundir autoestima con autolesión, porque ser positivo, trabajador, luchador, perseverante, disciplinado o educado no nos asegura ser una persona consciente… Y desde la inconsciencia podemos dar por hecho muchas cosas, podemos hacernos daños y hacer daño a otros y a veces sin ni siquiera darnos cuenta.
Una mirada a nuestra autoestima

A veces es más fácil sospechar que necesitamos fortalecer nuestra autoestima cuando nos sentimos deprimidos, amargados, avergonzados, mal en algún sentido o menos que otras personas, pero cuando nos sentimos bien, incluso mejor que alguien o más que alguien, podemos confundir autoestima con autolesión, porque ser positivo, trabajador, luchador, perseverante, disciplinado o educado no nos asegura ser una persona consciente… Y desde la inconsciencia podemos dar por hecho muchas cosas, podemos hacernos daños y hacer daño a otros y a veces sin ni siquiera darnos cuenta.

Cuando nos sentimos débiles, vulnerables, limitados o perdidos es más fácil pedir ayuda o incluso recibirla sin pedirla, porque quien nos vea agonizando o en riesgo, nos auxiliará. Pero cuando físicamente somos fuertes, activos y sanos, no nos permitimos parar y mucho menos pedir ayuda ni dejarnos ayudar. Salvar, ayudar y ocuparnos de otros, en ocasiones es una compensación de nuestro dolor y de nuestro desorden interno. Por eso cuando toquemos fondo en algún sentido y nos parezca injusto, cabe aceptar el dolor que sentimos, parar y pedir ayuda porque no es un castigo, no es mala suerte, no es culpa de nadie. Sencillamente, son consecuencias de una autoestima herida, que necesita primeros auxilios.

De hecho, si el camino de la inconsciencia que estamos andando, nos lleva a la lucha donde unos son los malos y otro son los buenos; o nos lleva a la lástima donde unos son los débiles y otros son los fuertes; o nos lleva a ayudar a los demás donde dejamos de respetar nuestros límites para respetar los límites de otros, son señales que nos confirman que nos estamos alejando sin darnos cuenta, de nuestro equilibrio y de nuestra coherencia.

¿Qué está pasando con nuestra autoestima cuando vivimos al límite continuamente, sin tiempo, sin descanso, sin serenidad, sin orden, con la sensación de estar solos, en el aire, sin sentido, en un mundo malo, sin saber que queremos ni que sentimos, sin salida ante la maldad o el sufrimiento? Cuando vivimos en cualquiera de los dos extremos, tanto del control como de la falta de control, es cuando más posibilidades tenemos de sentirnos mejores o peores personas, y cualquiera de las dos posiciones son indicadores de una autoestima fuera de su centro.

En nuestra sociedad actual, es fácil creer que tenemos nuestra autoestima en su sitio, que tenemos razón y los demás no tienen ni idea de lo que es correcto, es muy común criticar, culpar o defendernos, y partiendo de esa distorsión no podemos hacer nada al respecto, pero la vida nos ayuda a darnos cuenta, enviándonos señales continuamente para hacer cambios o parar, y en el caso de no verlas, la intensidad y el volumen van subiendo el grado de dolor, de dificultad y sufrimiento en lo que vivimos en el día a día. Con el fin de sentirnos obligados a recalcular ruta, a reconocer donde estamos, quienes somos, hacer cambios que nos acerquen nuevamente a nuestra coherencia y a recuperar el sentido de vivir. La salida de este camino que parece ciego o ajeno a nosotros, está en nuestro interior, allí guardamos una herida abierta pendiente de sanar, temas pendientes que entender, que están pidiendo a gritos atención, cada vez que nos moleste o nos duela algo que otra persona hace o deja de hacer, es reflejo de nuestra herida que nos está diciendo “aquí estoy, soy la herida de tu alma la que te duele, no es la injusticia o el problema de fuera lo que tanto te molesta y te frustra”.

La seguridad y la fuerza que ponemos en el día a día y en las relaciones con los demás, nos pueden despistar, nos pueden hacer creer que tenemos todo bajo control y que el control es sinónimo de coherencia, pero pretender que unos ganen y otros pierdan es reflejo de la separación que alimentamos entre unos y otros. No nos damos cuenta que el esfuerzo nos aleja de la confianza, que la lucha nos aleja de la serenidad, que la razón nos aleja de la introspección, que la indiferencia nos aleja de la empatía, que la rigidez nos aleja de la tolerancia, y que toda esta tensión, debilita nuestra valía, pone en riesgo nuestra autoestima, no necesariamente en todos los aspectos, pero si en alguna dirección y en alguna medida.

Las heridas del alma no sangran, pero duelen y se infectan si no las atendemos, huelen mal y asustan, pero cuando las ignoramos no podemos hacer nada por nosotros mismos ni nos dejamos ayudar por nadie, preferimos continuar en modo queja, antes que aceptar que necesitamos volver a actuar con coherencia con nosotros mismos. Cualquier obsesión, adicción, actividad o reacción desproporcionada y repetitiva, será un síntoma evidente y una confirmación de lo mucho que necesitamos despertar de nuestra inconsciencia.

Todos queremos sanar nuestras heridas, pero a veces ante las más profundas y las más importantes, nos convencemos que somos incapaces de hacer algo al respecto, y preferimos mirar hacia fuera, sufrir y despreciar a quienes nos hacen recordar (sin darse cuenta) que estamos heridos, que seguimos sufriendo, y si la situación se repite continuamente, precisamente es para dejar de hacer lo mismo y que empecemos hacer cambios desde la responsabilidad de encontrar soluciones donde todos ganemos. Igual que pasa en el caso de las heridas físicas, cambiamos las formas y los medios para evitar volver a caer, y en situaciones graves, solo una ambulancia, una cirugía o la labor de muchos, puede ayudarnos, precisamente porque tenemos que volver a encontrarnos con nosotros mismos y con los demás.

BUCEANDO EN MI INTERIOR Auto-observación o Auto-sabotaje

BUCEANDO EN MI INTERIOR humano Auto-observación o Auto-sabotaje
BUCEANDO EN MI INTERIOR: Auto-observación o Auto-sabotaje

Quiero seguir compartiendo mis experiencias, las que me han servido para conocerme y ser coherente conmigo misma, pero ¿qué es coherencia?… ¿Soy coherente?… Por el momento tengo la certeza y el fruto de ser coherente cuando soy fiel a mí misma, cuando tengo alineado mi pensar, con mi sentir y mi hacer, cuando estoy en el presente, cuando no cabe pasado, futuro, deseo ni miedo, solo la certeza de estar viviendo al máximo cada instante. No tiene nada que ver si tengo más o menos razón, si soy más o menos inteligente, capaz, exitosa, buena o mala. No tiene que ver si soy agradable o desagradable, si me gusta o no lo que hago, si es correcto o no lo que decido, si me entienden o no, si cometo “errores” o no… Pero si tiene que ver, con mi capacidad de re-conocerme, valorarme y aceptar mi punto de partida, mis referencias, mi propósito, el sentido que tiene para mí el momento y la situación, la seguridad en mí misma, la paz interior y la confianza en la vida, son indicadores de que estoy siendo coherente, independientemente de lo placentera o dolorosa que sea la situación.

Puedo reconocer que soy vibración, energía y materia. Tres formas en una me representan como ser humano. Dos de ellas: mis pensamientos y mis emociones son intangibles, pero tan importantes y reales como mi cuerpo físico. Una obra maestra, una criatura divina con la capacidad de olvidar quien es, para experimentar lo que no es, y volver al origen, a lo esencial.

Además de huesos, músculos, órganos, pelo y piel, el ser humano es un canal con la capacidad de conectarse y sintonizar, dependiendo de la frecuencia de su alimento a nivel físico, mental y emocional, conectará con quien se reconozca en algún sentido, con quien necesite intercambiar información para transcender, o con quien comparta la misma calidad frecuencial. El ser humano está hecho de la tecnología más avanzada, aunque no sea consciente de ello o no lo crea.

Cuando hago uso de mis capacidades como ser humano, DECIDO POR MI MISMA: pienso, actúo y me siento responsable de lo que vivo, sin importar el resultado, asumo consecuencias, estoy atenta buscando la mejor salida según cada situación, vivo en paz, con la certeza de estar haciendo lo máximo en cada momento, con la sensación de ser respetable y con la capacidad de respetar todo lo que sea diferente a mí,  sean como sean, me siento con la capacidad de probar lo que sea necesario hasta encontrar la opción más asertiva para todas las partes, con la capacidad de ver el potencial, los dones y talentos en mí y en los demás, de compartirlos y permitir que los demás también lo hagan, cada uno a su ritmo, en su forma y en su momento, fluyo y me adapto a los cambios, a los imprevistos, porque me motiva la sed de encontrar el equilibrio y la ecuanimidad. Me siento con la capacidad de verme en un espejo y contemplar mis luces y mis sombras, con la claridad suficiente para salir del plano personal y ver con neutralidad las reacciones de amabilidad de los demás ante lo que les gusta les asustan.

Cuando no hago uso de mis capacidades, DECIDO POR OBLIGACIÓN O POR COSTUMBRE: pienso, actúo y me siento víctima o verdugo, actúo con culpabilidad o culpo a los demás de mí desdicha, juzgo o me siento juzgada, vivo en constante lucha, con esfuerzo, con miedo, con la sensación de ser mejor o peor que los demás, incapaz de respetar todo aquello que sea diferente a mí, me siento en la posición de defenderme o de defender a los demás, de ganar o de perder, con el derecho de decir a los demás lo que tienen que hacer o de cómo hacerlo. Y mientras lo hago, vivo convencida de estar en lo “correcto”. Vivo con una visión ambivalente de la vida porque pienso una cosa, siento otra, quiero otra y hago otra. Mi mente, mis emociones y mi cuerpo tienen cada uno su propio enfoque, y eso me da la sensación de estar desorientada, cargada o agotada, perdiendo el tiempo, y cualquier extra, cambio o imprevisto me termina de hundir, o de amplificar con mayor claridad el bloqueo o el circulo vicioso en el que me encuentro. En estos casos no es agradable verme en el espejo ni es agradable ver a otros porque la inconsciencia no me permite ser neutral, solo puedo ser reflejo o proyección de las reacciones de los demás, sólo puedo alimentar el cansancio, la frustración y el conflicto conmigo misma y con los demás.

¿Auto- sabotaje o auto-observación?…Auto-sabotaje, es ver mi realidad y defenderla o quejarme de ella, es estar en una posición con perspectiva limitada y no darme cuenta de ello, porque me hace pensar que tengo la razón por encima de todo, no me permite empatizar con quienes son diferentes, no me permite sentirme respetada por miedo a no agradar, a ser rechazada, a estar en peligro, o a ser lastimada, me impulsa a usar la fuerza, la huida, la amenaza, la indiferencia, la resistencia, la lastima, la repetición, la lucha, la separación, el premio, el castigo o la exclusión. En este estado, no me gusta lo que hago, lo que soy o lo que siento, y a pesar de lo desagradable que es, es un estado muy común y frecuente en nuestra sociedad actual. Auto-observación, es cuando veo mi realidad desde fuera de mi, desde un punto fuera de lo personal, sin preferencias, sin juicios, sin ponerlo en la balanza del bien y el mal, sin perder la empatía por quienes me rodean, sin perder el propósito de un avance individual y colectivo, puedo ver y entender desde la apertura, la certeza y la tolerancia, encuentro el sentido en cada momento y en cada situación, me permito expresarme y permito que otros se expresen, puedo integrar diferentes perspectivas, aprender a transcender la “dificultad” en “aprendizaje”, acepto quien soy y me reconozco en lo que siento hago, vivo con infinidad y abundancia la sencillez y la naturaleza del ser humano.

Tengo la certeza de que todos los seres humanos tenemos la capacidad de auto-observarnos y conectar con nuestra consciencia, y para desarrollarla, muy frecuentemente elegimos inconscientemente el auto-sabotaje. Porque todo sirve, todo tiene sentido, todo es un proceso en el camino de la Vida.

LA AVENTURA DE APRENDER A VIVIR

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La aventura de aprender a vivir

La aventura de aprender a vivir.

El sufrimiento llega a nuestra vida cuando necesitamos APRENDER a dejar de ir en contra corriente, cuando nos resistimos al cambio, cuando no podemos entender lo que nos quiere regalar la Vida.

La felicidad llega a nuestra vida cuando ATENDEMOS las señales que nos da la Vida, cuando vamos a favor de la corriente.

Y La Paz interior llega a nuestra vida cuando RECORDAMOS que todos somos la Vida, que todo hace parte de un plan sagrado, que no hace falta nadar a favor ni en contra corriente porque somos la corriente que fluye. Cuando CONFIAMOS y vivimos con consciencia y responsabilidad todo lo bueno o malo, cada instante, el presente.

 

Y todo es necesario: aprender, atender y volver a recordar quienes somos, todo sirve, todo llega y todo pasa. Necesitamos aprender a vernos en todo y en todos, para liberarnos del rechazo, la ignorancia, la lucha, el apego, y dar espacio al agradecimiento y a la compasión por nosotros mismos y por los demás.

 

LA VERDAD ES UN RIESGO

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En griego “verdad” es “ἀλήθεια” (aletheia): “lo que no está oculto”, “lo que se manifiesta claramente tal y como es en su ser”, “ser auténtico”.

El idioma árabe añade un matiz afectivo a esta idea de verdad entendida como confianza. El verbo “sadaqa” (“صدق”) se traduce por “ser sincero”, “verídico”, “decir la verdad”, y es la raíz que da origen a la palabra “amigo” “sadyq” (“صديق”). Amigo es aquel a quien podemos decir la verdad y de quien podemos esperar la verdad, aquel en quien confiamos, a quien necesitamos para salir del error. Una amistad mentirosa, una amistad falsa, es tan imposible como un amor sin ternura o como un cariño frío.

¿Nos expresamos y actuamos tal y como somos, con transparencia? Ya nos gustaría, pero para allá vamos toda la humanidad, por el momento ya es un gran avance el que podamos reconocer que este mundo se ha caracterizado hasta el momento por la falta de coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, y por la gran ignorancia sobre nosotros mismos.

Sin ir muy lejos, en el día a día vemos cómo sin pretenderlo hacemos daño a las personas que más nos importan, cómo dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a lo que menos nos gusta e incluso a veces cómo nos obligamos a mantener relaciones o actividades que nos hacen daño.

En medio de tantas costumbres incoherentes y de leyes rígidas que anulan nuestra naturaleza de cambiar constantemente, hemos normalizado aquello que no es nuestro o ha dejado de tener sentido, por todo esto es que ser verdadero o decir la verdad es todo un riesgo.

Romper patrones desde la autenticidad es un riesgo al rechazo, a la crítica, a que te señalen, a que te llamen loco. Salir de lo cotidiano y del común es un riesgo a probar nuevas experiencias, a conocer lo que hay más allá de lo que se ve en primer plano y a encontrar aquello con lo que realmente te identificas, disfrutas y te sientes pleno. En un principio puede parecer un camino solitario, pero cuando menos nos lo esperamos nos vamos volviendo a encontrar con nosotros mismos y además acompañados, con un sentido propio al hacer lo que hacemos. Nos volvemos nuestro mejor amigo a la hora de tomar decisiones y de tomar el riesgo a lanzarnos al vacío haciendo lo que realmente queremos.

Nuestra originalidad es un riesgo que nos lleva a actuar con autenticidad para volver al origen, a lo natural y a nuestra verdadera esencia.

NO SOY EL HIJO QUE MIS PADRES ESPERABAN

Porque es imposible serlo, incluso en el “mejor” de los casos.

¿Es necesario que el hijo o hija sea lo que los padres quieren que sea? Por cultura, creencias o costumbres se podría pensar que sí, pero en realidad es imposible e innecesario porque los hijos aunque se parezcan o tengan un modelo a imitar por parte de sus padres también tienen su propia identidad, sus propias fortalezas y sus propias debilidades.

Independientemente de la educación, de las ayudas y de los estímulos durante su desarrollo, los hijos tienen sus propios objetivos en la vida y si no nos damos cuenta de esto, no podremos respetarles como nos gustaría.

Si un hijo cree que debe cumplir con las expectativas de sus padres es porque sus padres desde su ignorancia así se lo han transmitido directa o indirectamente.

Si un hijo se esfuerza por ser igual que su padre o madre es porque le idealiza. En estos casos los padres sin darse cuenta han permitido que sus hijos crezcan sintiéndose inferiores a ellos o sin el permiso de ser auténticos.

Si un hijo cree que puede hacer feliz o hacer daño a sus padres es porque en algún momento y desde la inconsciencia, los padres han dado esa responsable a su hijo.

Los hijos no son propiedad de los padres ni son los responsables de cumplir con las expectativas de nadie. Los hijos son realmente hijos de la Vida. Los hijos son prestados y también son maestros que vienen a enseñar a los padres la verdadera definición del amor incondicional a través del desapego. Los padres tan sólo son responsables del ejemplo, responsables del acompañamiento y de los límites que un hijo necesita antes de convertirse en adulto.

Los hijos “no adultos” son el resultado de lo que hacen o dejan de hacer sus padres, de sus experiencias y de sus herencias, pero no tienen que depender de los demás toda la vida porque en algún momento podrán tomar la responsabilidad de sus decisiones, a esto se le llama madurez y crecimiento, pero esto no dependerá de la edad sino del auto-conocimiento y del equilibrio de su autoestima.

Tener hijos o no, ser padres, madres o no, independientemente de esto todos los seres humanos somos hijos con objetivos en común, uno de ellos “Ser responsables de nuestras experiencias y herencias, dejar de ser niños sin olvidar que somos hijos y dejar de estar bajo la responsabilidad de los demás para empezar a ser responsables de nosotros mismos”.

La felicidad de padres e hijos está directamente relacionada con el orden y el desorden en nuestros roles de responsabilidad.

El verdadero objetivo de todo padre y madre es la felicidad de sus hijos, incluso en los casos y relaciones más complejas este objetivo existe aunque no lo parezca a simple vista por la sencilla razón que los padres dan lo mejor de sí a sus hijos y la manera en que lo hagan al final sólo será un medio. Detrás de todo hijo, padre y madre existe un ser completo con la capacidad innata de vivir con autenticidad una historia única. Esto nos recuerda que la felicidad consiste en ser auténtico, volver a la esencia y a lo simple.

¿CREO O CONFÍO?

Confundimos las creencias, con la confianza en nosotros mismos y con la confianza en la vida. Por el momento esto ha sido lo más humano y lo más común pero no lo más sano ni lo más natural.

También ha sido común caer en el otro extremo de no creer en nada ni confiar en nadie, pero al final el conflicto interior es el mismo porque empieza la duda, el miedo, la frustración… empezamos a tener pensamientos repetitivos, que nos controlan y perdemos la tranquilidad, nos volvemos reactivos, lanzamos juicios, críticas y elevamos el nivel de exigencia basado en algo inexistente que sólo puede imaginar nuestra mente.

Al igual que cuando alguien nos dice cosas positivas y nos sentimos grandes o más que otros, o cuando nos dicen cosas negativas y nos hacemos pequeños o nos sentimos menos que otros. Esto es sólo un reflejo de nuestra autoestima, que nos permite ver que no nos conocemos lo suficiente y que dejamos en manos de otros el valor y la confianza de nosotros mismos.

Al final nos damos cuenta que las creencias van llegando a su fin según van cumpliendo su función y vamos reconociendo que la confianza y la felicidad están en nuestras manos y siempre lo han estado, nunca fueron los demás quienes tenían el poder de hacernos daño, éramos nosotros mismos desde la inconsciencia viviendo una realidad subjetiva y sin sentido, quienes caíamos en el sufrimiento y en la idea de no poder salir de aquello.

Ahora reconocemos que somos nosotros mismos quienes podemos y debemos filtrar, aceptar y elegir sólo aquello que es coherente con nosotros, es algo que sólo nosotros podemos entender, nadie más, a menos que queramos compartirlo.

Responsabilidad, este acto de despertar el poder interior para vivir cada instante según nuestra consciencia, sin deudas, obligaciones, vergüenza ni sufrimiento, viviendo nuestro propio proceso. La responsabilidad nos enseña la diferencia entre creer y confiar.

 

“LOS NIÑOS APRENDEN DE TODO LO QUE VEN, ¿Qué están viendo en mí?”

 

Si exijo o espero que los niños hagan lo que yo digo sólo por mis propios intereses, los niños entenderán que lo que yo espero y quiero de ellos es que sean seguidores, dependientes, inseguros, manipuladores o tiranos…

Si despierto el interés en ellos mismos para hacer lo que espero que hagan, asumo la responsabilidad de dar los recursos necesarios para que lo logren y además soy ejemplo de lo que espero que hagan, entenderán que pueden ser autónomos, auténticos, curiosos, libres, seguros,… y además tendrán una idea de cómo hacerlo.

Si permito que hagan lo que quieran sin límites y sin sentido, entenderán que pueden ser egocéntricos, intolerantes, derrochadores y caprichosos…

Si permito que hagan lo que sienten y además asumo la responsabilidad de dejar claro los límites y las consecuencias de lo que tengan a su alcance para elegir, entenderán el concepto de ser consecuente, empatizar, respetar, valorar, elegir y de cómo ser coherentes con ellos mismos.

Si prohíbo o niego la expresión de sus sentimientos, entenderán que tienen que ser diferentes a lo que realmente son, o sumisos, introvertidos, vergonzosos e incluso  agresivos.

Si me permito acompañar a los niños en su proceso de expresión de lo que realmente son, estaré generando confianza y seguridad para que reconozcan sus emociones,  entiendan que pueden ser tal cual son, que pueden desarrollar sus auténticas capacidades.

Sólo si me respeto, me entiendo y me acepto a mí misma podré acompañar a otros en su desarrollo desde el  respeto, entendimiento y aceptación.

Sólo si me acepto sin falsas expectativas, podré aceptar a los demás tal cual son, sin falsas expectativas.

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